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martes, 24 de mayo de 2016

La Lonja del Comercio de La Habana

El edificio de la Lonja del Comercio antes de que se le adicionara la sexta planta en 1939
La noche del 18 de abril de 1888 quedó constituida en los altos del Palacio de Santovenia, situado en la calle Baratillo y que en ese entonces servía de sede al hotel Santa Isabel, la sociedad anónima Lonja de Víveres de La Habana que, posteriormente, adoptaría la razón de Lonja del Comercio de La Habana.

La nueva sociedad se inscribió, de acuerdo al Código de Comercio, en el Registro Mercantil de  la Provincia de La Habana, en la hoja 676, al folio 115 del libro de Sociedades. Al pie del documento estamparon su rúbrica 94 socios.

Desde el surgimiento de la Lonja esta estuvo fuertemente controlada por el elemento español. Su primera Junta Directiva estuvo presidida por Joaquín Martínez de Pinillos; siendo vicepresidente, Pascual Otamendi; tesorero, José Balcells; contador, Rufino Romeros; y vocales Carlos García Cué, Manuel Coro, Faustino García Castro, Félix Vives, Hugo Higgins, Marcelino González, José García Blanco, Manuel Pita, Santiago García, José Pujo y Mayola, Antonio Grifuls y José Blanco; como secretario resultó electo Manuel Marzán.
Se constituyó la Sociedad por un término de cincuenta años y su objetivo declarado fue: “Crear y explotar una lonja o casa de contratación para el comercio de víveres, adquiriendo y edificando expresamente un local propio para instalarla, en el cual podrán establecer puestos o muestrarios del ramo de víveres o sus anexos (…)”. 


El desaparecido Palacio de Armona en Lamparilla No.2, primera sede de la Lonja
El capital de la Sociedad sería de cien mil pesos oro (una cantidad considerable para la época), divididos en mil acciones de cien pesos cada una, representadas por igual número de títulos nominativos. Para ser accionista se requería ser contribuyente al Estado en calidad de comerciante – banquero y dedicarse a la importación de víveres. Por reglamento se establecía que ningún socio podía poseer más de cincuenta acciones. Las utilidades líquidas se repartirían entre los accionistas al finalizar cada año, con excepción de un 20 % que se invertirían en la empresa.

Como primera sede la Lonja arrendó y luego adquirió en 1892 adquirió por un costo de 80 518 pesos la casa de Lamparilla No. 2.

Joaquín Martínez de Pinillos, fundador y
primer Presidente de la Lonja del Comercio
A poco menos de un año de constituida la Sociedad salió a la luz el primer número de la Revista de Lonja, que saldría regularmente todos los meses, justo antes de la salida de los vapores que hacían la ruta a España.

La Lonja demostró desde su surgimiento un gran compromiso social: En 1890 realizó una suscripción para ayudar a las víctimas del incendio de la Ferretería Isasi, de Mercaderes y Lamparilla, que recaudó casi 14 000 pesos; un año después envió una fuerte suma a Vueltabajo para aliviar las desgracias padecidas por las inundaciones y en 1897 gastó más de 8 000 pesos en beneficencia entre las familias de la capital. Por último durante las dos guerras mundiales, hicieron lo posible sus socios por mantener abastecido el país con mercancías y evitar el agio y la especulación.

El 3 de enero de 1907 la Lonja de Víveres de La Habana por acuerdo de su Junta Directiva varió su nombre a Lonja de Comercio de La Habana, nombre que mantuvo durante toda la República. Esto se debió al éxito alcanzado por la Sociedad y el deseo que expresaban comerciantes e industriales de otros giros por pertenecer a la misma.

Un par de semanas después, el 21 de enero, acordaban los socios construir en los terrenos que ocupaba el antiguo Palacio de Armona, frente a la Plaza de San Francisco de Asís, una nueva sede. Esta sería un espléndido edificio de cinco pisos (en 1939 se adicionaría un sexto) que ocuparía toda la manzana y que se erigiría a un costo de 800 000 pesos. El edificio de la Lonja, como se conoce hasta la actualidad, fue inaugurado oficialmente el 28 de marzo de 1909, siendo presidente de la Sociedad, Narciso Maciá y Domenech.

Una foto de la Junta Directiva de la Lonja en el año 1938
El diseño del inmueble correspondió al arquitecto español Tomás Mur, con quien colaboró el cubano José Toraya Sicre y la obra fue ejecutada por la empresa norteamericana Purdy & Henderson.

En la construcción del edificio de la Lonja se emplearon los más importantes adelantos de la época, como el uso de estructuras de acero para soportar el peso de las paredes, pisos y techos. El interior fue decorado al estilo morisco y a las fachadas se les dotó de un estilo renacentista. Todo el conjunto se coronó con una estatua de bronce del dios del comercio, Mercurio, que resistió el paso de múltiples y feroces eventos meteorológicos hasta el año 1999 en que el huracán Irene lo hizo caer a tierra.

Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 desapareció la Lonja y el edificio fue nacionalizado por el gobierno de la Isla que lo destinó a diferentes usos que provocaron en él un gran deterioro.

Finalmente en la década de 1990 la Oficina del Historiador de La Habana junto a una corporación española decidieron restaurar el edificio de la Lonja que fue destinado a oficinas.

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