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viernes, 18 de marzo de 2016

¿Cómo se puede estar fresco en verano?

Por el Dr. D. H. Kress

La temperatura interna del organismo es regulada por el sistema circulatorio. La temperatura del hígado y de algunos músculos profundos en los que se efectúa la máxima combustión, es de 38,8 a 40,5 grados centígrados, mientras que la mucosa bucal tiene sólo 37, y la piel no llega a esto siquiera.

La sangre calentada de los órganos y músculos internos es llevada continuamente hacia la superficie del cuerpo para que se enfríe. Entonces, la sangre enfriada retrocede para mantener frescos a los órganos profundos. El tiempo frío actúa sobre los nervios sensitivos de la piel, y estas impresiones se transmiten a los centros que regulan la sangre; en su virtud, los vasos cutáneos se contraen, y es menos la cantidad de sangre que acude a la superficie para ser enfriada. 

Por eso se pone “piel de gallina” al sentirse frío. De este modo se defiende la Naturaleza a sí misma. Muchas son las personas que creen que el alcohol calienta en tiempo frío, por notar bajo su influjo cierta sensación confortante. Puede haber impresión de calor cuando la temperatura interna es en realidad más baja. El alcohol, en efecto, paraliza los nervios constrictores de los vasos, provocando así una dilatación de los vasos sanguíneos de la piel, con el consiguiente aflujo de sangre a la superficie.

La mayor cantidad de sangre caliente en la superficie provoca en los nervios sensitivos una impresión de calor. Pero mientras allí existe sensación agradable, la sangre se enfría con excesiva rapidez. La temperatura interna puede quedar varios grados por debajo de lo normal sin que el individuo lo note. Cuando un bebedor está al aire libre se halla expuesto al peligro de enfriarse sin darse cuenta.

Mientras que con tiempo frío la afluencia de sangre a la superficie del cuerno se ve estorbada hasta cierto punto con tiempo caluroso se dilatan los vasos y capilares externos, permitiendo un mayor flujo de sangre hacia la superficie, para que se enfríe.

Un adulto en tiempo caluroso puede desprender en veinticuatro horas hasta dos litros de humedad de su cuerpo sin sudar mucho. Si el calor es agobiante se produce más humedad, que entonces es visible en la piel. La humedad cutánea tiene el mismo objeto que el trapo húmedo que en los días calurosos ponemos alrededor de una vasija con agua.

En regiones tropicales suelen conservar el agua potable en sacos de tela que la gente cuelga para que les dé el viento. Nada importa que el viento sea más o menos cálido: siempre contribuye a mantener fresco el contenido del saco. Por igual motivo, las personas que trabajan con moderación y sudan por esta causa, aguantan mejor el calor que las que permanecen quietas en una silla e intentan continuamente estar frescas.

El régimen dietético es factor importante, si se quiere estar fresco en días calurosos. Cuando hace frío encendemos la estufa o lo calefacción para tener caliente la casa: cuando hoce calor no es preciso tanto fuego. El cuerpo humano viene a ser un edificio; tiene dentro una estufa y un fogonero. Cuando la piel siente frío la impresión es comunicada a los centros cerebrales; automáticamente es conducida a la estufa corporal la mayor cantidad de combustible, produciéndose la correspondiente cantidad de calor. Esto exige a su vez mayores cantidades de alimentos.

No es nada raro  en tiempo caluroso la gente coma lo mismo que en invierno… y entonces hay que tener siempre a mano el abanico o el ventilador pata no abrasarse. La falta de energía que tan a menudo se nota en los meses veraniegos proviene muchas veces de que la estufa del cuerpo está atascada con escorias, o de que hay exceso de combustible, y no, como suponen algunos, de escasa alimentación. Para mantenerse en buena disposición corporal y sentirse a gusto hay que comer menos.

En tiempo caluroso, los órganos digestivos no pueden digerir igual cantidad ni calidad de alimentos que cuando hace frío. Por eso la Naturaleza, en su sabiduría, hace que disminuya la apetencia de alimentos sólidos y que aumente en cambio para las legumbres y frutas.

Revista Aero Voz. 1954.



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