Exponer, aunque sea someramente,
la historia diplomática de Cuba en más de medio siglo de República, resulta
casi labor imposible de realizar, si se desea recoger los acontecimientos más sobresalientes
registrados en las relaciones internacionales de Cuba y destacar los
lineamientos generales de una política que, en el transcurso de los años, fue
perfilándose y adquiriendo caracteres muy propios dentro del concierto de las
naciones.
Cuba, en su más de medio siglo de
existencia republicana, logró conquistar una posición cimera en el mundo
democrático, por haber ajustado siempre su política internacional a las más
estrictas normas del Derecho, y defendido en todo momento el derecho de los pueblos
a la libre determinación, sin presiones externas y en un plano de igualdad
absoluta.
El período de los gobiernos
revolucionarios - de la era heroica en que los cubanos lucharon por la
independencia patria - marcó ya, desde aquel entonces, una proyección firmísima
de lo que, al devenir de los años, habrían de ser normas y postulados
internacionales de la República de Cuba en el orden internacional.
El tránsito intervencionista,
desde la terminación de la Guerra Hispano – Cubano - Norteamericana, que culminó
con la instauración de la República, el 20 de mayo de 1902, preparó los
cimientos para un ordenamiento de la política internacional cubana.
La Orden Militar de 1ro de enero
de 1900, firmada por el general Adna R. Chaffee como Brigadier General, Jefe de
Estado Mayor del Cuartel General establecido por la ocupación norteamericana,
disponía la administración del Gobierno Civil en este país por medio de seis
Secretarías, cada una a cargo de su secretario correspondiente.
Conforme a esa Orden Militar, dictada
- según se expresa en la misma - para mejorar la organización de los servicios
civiles de Cuba, quedaban establecidas las Secretarías de Estado y Gobernación;
Hacienda; Justicia, Agricultura, Comercio e Industria; Instrucción Pública y
Obras Públicas.
La Secretaría de Estado y
Gobernación fue encomendada ulteriormente al señor Diego Tamayo y Figueredo.
Este Departamento tuvo desde
entonces las delicadas funciones de acoplar las relaciones exteriores e
internas de Cuba a la nueva situación creada por el cese de la soberanía
española, y de resolver los casos que en el orden de la política internacional
comenzaban a presentársele al gobierno provisional interventor.
Al hacer entrega el general
Leonardo Wood, por disposición del Presidente de los Estados Unidos de América,
señor Teodoro Roosevelt, con fecha 20 de mayo de 1902, del gobierno y mando de
la Isla de Cuba, al primer Presidente de la novel República, Don Tomás Estrada
Palma, se expresó en el documento de traspaso “que la ocupación de Cuba había
cesado y el Gobierno Militar había terminado”.
Esta transferencia de Gobierno
llevaba implícita, como expresa condición, el reconocimiento de todas las
obligaciones contraídas por los Estados Unidos de América respecto de Cuba, a
virtud del Tratado celebrado entre los Estados Unidos y la Reina Regente de
España, y que fuera firmado en París, el diez de diciembre de 1898.
Este fue el primer compromiso
internacional contraído por la naciente República de Cuba, y de allí partió
prácticamente la cadena de arreglos, tratados y convenios internacionales -
tanto bilaterales como multilaterales - que fueron formando el cuerpo de la
política exterior de Cuba.
En el propio documento de
transferencia de Gobierno y Mando de la Isla de Cuba, el Presidente de los Estados
Unidos expresaba que los Estados Unidos tienen entendido que el Gobierno actual
de Isla de Pinos continuaría como un Gobierno “de facto”, a reserva de resolver
el dominio de dicha Isla mediante un Tratado, con arreglo a la Constitución
cubana y al mandato de la Ley de los Estados Unidos.
El primer Presidente de la
República de Cuba Don Tomás Estrada Palma declaró, al tomar el poder, que el
Gobierno de la República asumía todas y cada una de las obligaciones que se
impuso respecto a Cuba el Gobierno de los Estados Unidos por virtud del Tratado
de París, obligándose así la República a este compromiso internacional.
Una de las primeras decisiones
del nuevo gobernante fue, en aquel entonces, la designación del hombre que
debía regir los destinos de las relaciones internacionales de la República,
nombrándose Secretario de Estado y Justicia (pues ya había sido elevada a
Secretaría independiente la de Gobernación o asuntos interiores) al ilustre
cubano Don arlos de Zaldo y Beurmann.
Aunque éste inició sus
actividades públicas dentro del Autonomismo, se inclinó en 1892 a relacionarse
con el grupo de los que tendían a la Revolución. Se vio obligado a emigrar
debido a sus actividades contra la Metrópoli e ingresó poco después en la Junta
Revolucionaria de Nueva York, colaborando muy estrechamente con Tomás Estrada
Palma.
Posesionado de la cartera de
Estado y Justicia, Carlos de Zaldo dictó, con fecha 31 de mayo de 1902, el
decreto presidencial número 22, dejando organizado el Departamento de Estado.
Este era formado sólo por un director, tres jefes de Negociados, un traductor,
dos oficiales de administración, tres oficiales (sin clasificación), dos
oficiales pendolistas, cinco auxiliares, un portero, dos ordenanzas y tres
mozos de limpieza.
Carlos de Zaldo negoció los
Tratados Permanentes y de las estaciones carboneras y navales que, según el
artículo VII de la Ley del Congreso aprobada el 2 de marzo de 1901 y el
artículo VII del Apéndice a la Constitución de la República de Cuba promulgada
el 20 de mayo de 1902, dispuso que: “para poner en condiciones a los Estados
Unidos de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma,
así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los
Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en
ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los Estados
Unidos”.
Por este Tratado se cedieron a
Norteamérica las tierras comprendidas en la zona de Guantánamo, donde se halla
actualmente la base naval de Estados Unidos.
Con fecha 2 de julio de 1903 se
concertó otro Convenio entre Cuba y los Estados Unidos, reglamentando el
arrendamiento dé las Estaciones Navales y Carboneras, hecho en febrero del
propio año.
También tomó parte Carlos de
Zaldo en las negociaciones para el empréstito de 35 millones de pesos que fue
emitido por conducto de la firma de Speyer y Co., presentando su renuncia en
junio de 1904, por mostrarse inconforme con distintas leyes promulgadas.
Durante este periodo fue dictada
la Resolución de fecha 4 de agosto de 1903, disponiendo que la dirección
cablegráfica del Departamento de Estado sería “Sesto-Habana”.
En esta primera fase de las
relaciones exteriores de Cuba, aparecían sólo tres Legaciones: una en los
Estados Unidos; otra en España y otra en México; un Consulado General en
Alemania y Consulados en Bélgica, Francia, Guatemala, Italia, Venezuela y
Uruguay.
La política internacional de Cuba
cobró nuevos bríos y orientaciones más precisas con el advenimiento a la
Secretaría de Estado de Manuel Sanguily y Garritte, después de haber pasado por
esta posición cubanos dignísimos como Carlos E. Ortiz Coffigny, Juan Francisco
O'Farrill y Chapottin y Justo García Vélez.
Manuel Sanguily y Garritte tomó
posesión de la cartera de Estado el día 22 de enero de 1910, nombrado por el
Gobierno liberal del general José Miguel Gómez.
En el desempeño de su cargo,
Manuel Sanguily .tuvo que afrontar situaciones muy difíciles para Cuba, de
orden exterior, derivadas algunas de ellas del movimiento veteranista opuesto a
que ocuparan cargos públicos los desafectos a la independencia de la República;
de la denominada reclamación tripartita, por daños causados con motivo de la
guerra a súbditos de Inglaterra, Francia y Alemania; y del alzamiento de los Independientes
de Color en 1912.
En enero de 1914 ocupó la
Secretaría de Estado Pablo Desvemine y Galdós, decidido partidario de la libre
emisión del pensamiento; por cuyo derecho mantuvo intensas campañas, realizando
estudios sobre esta materia, que le ganaron renombre internacional.
Fue sustituido en mayo de 1921
por Rafael Montoro y Valdés, figura destacada de la política cubana, que tanto
contribuyó a la aprobación del tratado comercial entre Cuba y la Gran Bretaña,
así como de otros arreglos internacionales que beneficiaron notablemente las
relaciones comerciales con países de América y Europa.
El doctor Carlos Manuel de
Céspedes asumió la Secretaría de Estado el 17 de junio de 1922. A partir de
esta fecha intensificó notablemente las relaciones exteriores del país,
poniendo en ejecución todos los conocimientos que su amplia labor diplomática
en el exterior le había permitido obtener. A Céspedes se le atribuyó una
participación directa y esencial en el inicio de las negociaciones para concertar
el Tratado Comercial entre Cuba y España, que resultaron un éxito definitivo.
Cupo a Don Rafael Martínez Ortiz
presidir, como Secretario de Estado, la Conferencia Panamericana de 1928, así
como atender todo lo relacionado con la visita hecha a Cuba por el Presidente
de los Estados Unidos Mr. Calvin Coolidge.
Durante su mandato - de noviembre
de 1926 a diciembre de 1930 - se registraron en la República importantes
eventos internacionales, firmándose además tratados con España y Francia.
De diciembre de 1930 a abril de
1931, en que ocupó la Secretaría de Estado el doctor Francisco María Fernández,
fueron firmados importantes convenios internacionales, entre éstos el de bultos
postales con Alemania; el radiotelegráfico con México; el de extradición y consular
con Panamá; el de extradición ítalo - cubano; el comercial con Francia, muy
favorable al azúcar y tabaco de Cuba; el de extradición con el Brasil, y varios
con España, Portugal, Chile, China y otros países.
Le sustituyó en el cargo de
Secretario el doctor José Clemente Vivanco, que permaneció hasta abril de 1932,
cuando fué a su vez sustituido por el doctor Orestes Ferrara.
El 12 de agosto de 1933, al caer
el régimen de Machado asumió la cartera de Estado, en difíciles momentos para
la República, un diplomático de vasta experiencia y grandes méritos: Manuel
Márquez Sterling, cuya gestión en México, como representante diplomático, diera
gloria a Cuba al realizar ingentes esfuerzos para salvarles la vida al
presidente de esa República hermana, Francisco Madero, y al vicepresidente Pino
Suárez, víctimas, al fin, de la revolución azteca.
Fue designado nuevamente
Secretario de Estado por el entonces Presidente de la República, doctor Ramón
Grau San Martín, en enero de 1934;
tomando posesión del cargo de manos del doctor Almagro, que lo desempeñaba
interinamente, y haciéndole frente a la situación creada en Cuba al dejar la presidencia
el doctor Grau San Martín y dimitir también su sustituto el ingeniero Carlos Hevia.
Márquez Sterling se encargó del Poder Ejecutivo
interinamente, en esta ocasión, no como Presidente, sino como Secretario de
Estado.
Convocada la Junta de Sectores, se acordó
designar Presidente al coronel Carlos Mendieta. Dos días después, Manuel
Márquez Sterling cesó como Secretario de Estado, reintegrándose a su cargo de embajador
en Washington. Meses más tarde, firmaba a nombre de Cuba el Tratado abrogatorio
de la Enmienda Platt. Ocupaba entonces la Secretaria de Estado el coronel Cosme
de la Torriente, a cuya gestión también se debió el éxito total de estas
negociaciones.
Sucesivamente ocuparon la cartera de Estado los
doctores José A. Barnet (que luego fue Presidente provisional de Cuba), José
Manuel Cortina, el general Rafael Montalvo, Juan J. Remos, Miguel A. Campa,
José A. Martínez-Viademonte, Emeterio S. Santovenia, etc.
Puede afirmarse, sin hipérbole, que las
relaciones exteriores de Cuba y su política internacional cobraron nuevo
sentido y tónica más firme y decisiva a partir de 1933, en que Cuba reformó
toda su arquitectura interior y exterior, buscando en el concierto de las
naciones la posición justa que debía ocupar.
Las nuevas proyecciones - dentro de las
doctrinas que eran básicas y fundamentales en las relaciones exteriores - cobraron
fuerza con el advenimiento del “Autenticismo” al Poder.
Si bien en 1941 se consolidó la posición
económica de Cuba al firmarse un Convenio Suplementario al de Reciprocidad
Comercial de 1934, modificado por el Convenio de diciembre 18 de 1939 con los
Estados Unidos, manteniéndose el criterio del doctor José M. Cortina de que la
América debe coordinar su comercio de acuerdo con los derechos naturales de
producción de cada zona geográfica; no es menos cierto que esta política
proteccionista a los intereses de la República no tuvo su justa aplicación hasta
el advenimiento del “Autenticismo”, que viabilizo nuevas fórmulas de relaciones
internacionales.
Bajó la rectoría del doctor Martínez Viademonte
en la Secretaría de Estado, se firmaron el Convenio de Cooperación Militar y
Naval con los Estados Unidos, Tratado de Amistad con China, el Convenio Postal
sobre Radiocomunicaciones con la República de Colombia, Tratado de Cooperación
Militar y Naval con México y Tratado de Comercio con Chile.
Durante este período se reconoció a la URSS,
estableciéndose relaciones con su gobierno, y se decretó el rompimiento de
relaciones diplomáticas con el gobierno de Vichy a raíz de la ocupación del
territorio francés por Alemania.
Le sucedió en el cargo de Secretario el doctor
Emeterio S. Santovenia y Echaide, quien logró reorganizar notablemente el
Servicio Exterior de Cuba, así como firmar el Convenio de Pagos con España, de
trascendente importancia para la economía cubana, ya que descongeló los
créditos cubanos y restableció las relaciones comerciales entre ambos países.
A iniciativa suya, también se reglamentó la
entrega de las Cartas de Ciudadanía, transformando este hecho, sencillo hasta
entonces, en solemne ceremonia; cómo lo debe ser la adquisición de una nueva
ciudadanía por extranjeros que se asimilan a la vida republicana de nuestro
país.
Ya en estos momentos, aquel pequeño
departamento que en 1904 se denominaba Secretaría de Estado y sólo tenía una
Dirección, con los Negociados de Cancillería y Asuntos Políticos, Asuntos
Contenciosos, Asuntos Comerciales, Asuntos Consulares, Contabilidad,
Interpretación de Lenguas, y de Personal y Bienes, se transformó en un amplio
departamento llamado Ministerio de Estado, y el Servicio Exterior cubano cobró
la importancia que por la índole de las funciones encomendadas requería.
Contaba en 1943 el Ministerio de Estado (la
denominación de Secretaría fue modificada por precepto constitucional, al
promulgarse la Carta Magna de 1940) con: una Dirección del Protocolo; otra de
Relaciones Culturales, que contaba con la Sección de Archivo Diplomático y
Biblioteca; el Negociado de Biblioteca; el Negociado de Información y
Publicidad y el Negociado del Boletín Oficial; una Dirección Política con los
Negociados de Cancillería y Archivo de Tratados; de Legalización de Firmas;
Servicio de Valijas; Oficina de Conexión con las Instituciones Internacionales;
Negociado de Asuntos Contenciosos y Judiciales; Negociado de Asuntos Políticos
de Europa, Asia, África y Oceanía; Negociado de Correspondencia Confidencial y
Cifra; Dirección de Asuntos Generales; Negociado de Archivo y Canje
Internacional; Negociado de Registro General de Correspondencia; Negociado de
Interpretación de Lenguas; Oficina Panamericana; Dirección de Ciudadanía y
Migración; Consultaría Diplomática; Oficina de Personal, Bienes y Pagos;
Negociado de Personal; de Pagaduría y Material; Oficina de Visas; Oficina de
Visas Diplomáticas; Oficina de Medallas a los Veteranos de la Guerra Hispano Cubano
Norteamericana; Oficina de Control, etc.
Un somero estudio de la política internacional
cubana seguida a partir del año 1933, permite afirmar que Cuba ocupó en el
concierto de las naciones civilizadas planos destacadísimos que consolidaron el
prestigio internacional de que siempre gozó nuestra República.
Al iniciarse el gobierno del Presidente doctor
Ramón Grau San Martín en octubre de 1944, la Cancillería cubana preveía ya la
terminación de la Segunda Guerra Mundial y la necesidad de orientar la política
internacional hacia la formación de una conciencia de paz, capaz de asimilar el
país a la etapa de la postguerra, tanto en el orden político como económico y
social.
Al efecto, las principales oficinas del
Departamento de Estado cubano se dedicaron a estudiar el “aporte de Cuba a la
paz mundial”, recomendando las medidas más adecuadas a los intereses de la
democracia.
Ya nuestros delegados habían concurrido a la
Reunión de Chapultepec, en México, e informado sobre nuestra posición ante el
grave conflicto mundial y los fenómenos de la postguerra.
Cuba, para vigorizar sus nexos con las naciones
tradicionalmente amigas, recpnoció los gobiernos de Italia y Guatemala, dando
un paso de avance a favor de la futura confraternidad de las naciones.
El nuevo “status” que había de darse a las
derrotadas potencias del Eje, los Tratados de Paz que habrían de suscribirse y
el eficaz funcionamiento de la Organización Internacional (ONU) creada para
sustituir a la extinguida Liga o Sociedad de las Naciones, fueron temas de especial
interés para la Cancillería cubana.
En la Conferencia de Paz de las Naciones Unidas
celebrada en París, para tratar sobre la paz con Italia, Rumania, Bulgaria,
Hungría y Finlandia, Cuba consignó su protesta contra el hecho de que no
participasen en esa reunión todos los firmantes de la Declaración de las
Naciones Unidas, de 1ro de enero de 1942, por estimar que constituía una
violación de los compromisos contraídos respecto a no hacer la paz o armisticio
por separado con el enemigo.
Nuestro Gobierno mantuvo en este sentido el
criterio de que las reuniones internacionales deben desenvolverse sobre la base
de igualdad de derechos de todos los Estados.
Abundando en estas razones, Cuba había
combatido desde el primer momento el llamado derecho al veto y, oportunamente,
hubo de solicitar de las Naciones Unidas una reunión especial en que pudiera
tratarse de la supresión del veto, conferido a las Grandes Potencias. En las
reuniones de San Francisco y Londres, ya nuestros delegados se habían
pronunciado contra el veto, ratificando así Cuba su actitud de mantener el
principio de igualdad entre los Estados en las relaciones internacionales y la
defensa de la soberanía de las pequeñas nacionalidades.
Un gran éxito de la diplomacia cubana fue, en
el año 1946, la concesión, por los Estados Unidos a Cuba, del traspaso de las bases
militares y Navales construidas en territorio cubano con la cooperación del
Gobierno norteamericano, para la defensa del continente; dando cumplimiento,
así, a las estipulaciones fijadas en los Convenios Secretos para la Cooperación
Militar entre nuestra República y los Estados Unidos.
En los meses de septiembre y octubre de 1946
tuvo lugar en Londres la reunión del Comité Preparatorio de la Conferencia
Internacional sobre Expansión del Comercio y Empleo, a la que Cuba envió una
delegación que logró la aprobación de un acuerdo según el cual se recomendaba
establecer la obligación de que todos los países habrían de comprometerse a
eliminar las condiciones envilecidas de trabajo y otorgar a los obreros la
mayor suma de beneficios sociales.
Al mantener esta tesis, concordante con el
programa de acción social que desde los primeros momentos inició el Gobierno de
nuestro país, Cuba buscaba la forma de resguardarse, en el mercado
internacional del azúcar, de la competencia que pudieran hacerle productores
con salarios envilecidos.
En esta Conferencia, y también por gestión de
Cuba, se logró que los países participantes reconocieran la necesidad de
insertar en la Carta de la Organización Internacional de Comercio el principio
de que el desenvolvimiento progresivo de los recursos económicos de todas las
naciones del mundo no sólo es deseable en sí mismo como un medio de elevar las
condiciones de vida en determinado país, sino también como vehículo de
expansión del comercio internacional, para beneficio de todos los países
interesados en el mismo.
Dos puntos fundamentales de nuestra novel
política exterior pueden destacarse en la etapa de Gobierno del doctor Grau: la
“Doctrina Contra la Agresión Económica” y el “Salario de Subsistencia”, llevado
este último como moción cubana a la Conferencia de Nutrición y Alimentación
celebrada en Montevideo.
La primera doctrina procuraba eliminar, como
medida de seguridad y paz continentales, cualquiera agresión de tipo económico,
se aprobó en la IX Conferencia Internacional Americana de Bogotá,
consolidándose el criterio jurídico de Cuba que, sobre esta materia, había
ensayado sin resultado la delegación cubana asistente a la Reunión Interamericana
para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente, de Río de
Janeiro, el año anterior.
El Salario de Subsistencia fue también otro
ensayo afortunado en la política exterior cubana, en el orden económico. Por
esta nueva modalidad se recomendaba, a los distintos gobiernos, promover todas
las medidas de carácter económico, así como cualesquiera otras que fueran
adecuadas y posibles de realizar, tales como el establecimiento del salario
integral de subsistencia, con objeto de cubrir las necesidades biológicas y
sociales del hombre en todos los sectores de la economía nacional
Esta medida surgió como resultado de las vastas
experiencias logradas en el campo social para a elevar el “standard” de vida
del trabajador, tanto manual como intelectual, en todos los países, basándose
en razones y fundamentos jurídicos que habían sido reconocidos en otras
reuniones internacionales.
Por ella se tiende a eliminar el llamado
“salario mínimo”, para sustituirlo por el “salario de subsistencia”, nueva
concepción económico- social; pues el Estado que mantenga o tolere jornales de
miseria puede facilitar la creación de ambientes o climas propicios a políticas
extremistas, de peligrosidad para los regímenes democráticos, según dicho
concepto.
En el orden económico, significó también un
notable triunfo cubano la celebración, en nuestra capital, de la Conferencia de
las Naciones Unidas sobre Comercio y Empleo, que determinó la aprobación y
firma, en 24 de marzo de 1948, de la denominada “Carta de La Habana”, después
de una conferencia que se prolongó por varios meses.
Fue La Habana, también, sede de la reunión de
la CEPAL, o sea, de la Comisión Económica para la América Latina, creada por el
Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas.
Cuba logró en esta reunión continental el
reconocimiento de importantes mociones sobre el desarrollo económico de la
América latina, que ratificaron una vez más lo acertado de la política social
auténtica.
Igualmente participó Cuba en la Reunión de la
Organización de Alimentos y Agricultura (FAO), celebrada en Washington, donde
se trató fundamentalmente sobre los llamados “productos escasos”.
Ya en este período, la República de Cuba
ostentaba, como miembro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), un
cargo de miembro no Permanente del Consejo de Seguridad de ese organismo.
Debido a ello, el Gobierno había desligado esta
representación de la Embajada en Washington, designando al efecto un Embajador
Especial ante la ONU y otro ante la Organización de los Estados Americanos
(OEA).
El otorgamiento del Derecho de Asilo, en la
Embajada de Cuba en Perú, a dos prominentes personalidades de dicha nación,
ambos ex presidentes de la Cámara de Diputados de la misma; y la negativa de
aquel Gobierno a facilitar los salvoconductos para la salida del territorio peruano
a los políticos asilados, originó un grave planteamiento. El Gobierno de Cuba
mantuvo, con firmeza característica en este tipo de procedimiento, que la
calificación del delito corresponde a la nación que asila, de acuerdo con los
Convenios de La Habana y de Montevideo y con la práctica internacional. Este principio
fue llevado a la Comisión Inter americana de Paz y más tarde a la Corte de Justicia
Internacional de La Haya donde triunfó la tesis sustentada por Cuba.
El caso específico de Haya de la Torre, líder
del Aprismo, refugiado en la Embajada de Colombia en el Perú tras la
sublevación de El Callao, fue otro triunfo más de Cuba en el orden
internacional; al reconocer la Corte Internacional de Justicia el derecho de
Cuba a intervenir en la polémica entre Perú y Colombia sobre el derecho de
asilo y defender la mencionada tesis que le ha sido tradicional.
Por acuerdo de la Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), se confirió a Cuba
el honor de ser elegida para instalar en La Habana el Centro Regional de dicha
organización, permitiéndosele así cooperar , más estrechamente en las
manifestaciones de la cultura universal.
Otro acontecimiento de importancia para Cuba
fue la celebración, en La Habana, de las reuniones efectuadas por la Comisión
Americana de Territorios Dependientes, encaminadas a suprimir el coloniaje en
América y a propiciar soluciones de las discrepancias existentes entre algunas
Repúblicas americanas y naciones extracontinentales por la ocupación de
territorios americanos.
Cuba tuvo la ocasión de dejar definida una vez
más, en esta reunión, su posición tradicional contra todo sistema colonial y el
derecho que tienen los pueblos para que se les ofrezcan las oportunidades de
manifestarse, expresa y libremente, a fin de decidir sobre sus propios destinos.
Como muestra de su adhesión al principio de la
evolución pacífica y democrática de los territorios y pueblos dependientes, el
Gobierno de Cuba procedió a reconocer a los tres Estados Asociados de la
Indochina Francesa, a saber: Vietnam, Cambodia y Laos, reafirmando su política
de apoyo a las tendencias democráticas, de las cuales los Estados de Indochina
constituyen un baluarte y dando una nueva prueba de su decidida actitud
anticolonialista.
Igualmente, en el problema chino, Cuba mantuvo
en el Consejo de Seguridad de la ONU su posición tradicional al no propiciar
oportunidades a la extensión de la influencia totalitaria y al manifestar su
oposición a la suplantación por la fuerza de regímenes legalmente constituidos.
Manteniendo su política de respeto a los
convenios y de activa colaboración internacional, Cuba reconoció aquellos
gobiernos que se desarrollaron en un plano de sentimientos democráticos y de
respeto a los compromisos internacionales.
La tesis cubana, en el sentido de que el
fortalecimiento de las instituciones democráticas (que traería como
consecuencia la supresión de corrientes de exilados) habría de ser el medio
mejor para terminar con las perturbaciones en América y específicamente en la
Zona del Caribe, fue recogida por el Órgano Provisional de Consulta y llevada a
una recomendación específica.
Así, pues, los asuntos que eran objeto de
examen por parte de los Gobiernos de Cuba y de la República Dominicana dieron
lugar, en virtud de una instancia de este último país, a la aplicación del
Tratado de Asistencia de Río de Janeiro; constituyéndose el Consejo de la
Organización de los Estados Americanos en Órgano Provisional de Consulta y
nombrándose una comisión investigadora.
Al ser examinado el informe rendido por dicha
comisión, en Washington, concurrió personalmente el Ministro de Estado cubano
para exponer los puntos de vista que sustentaba nuestro Gobierno; y como
resultado de los mismos, el Órgano Provisional de Consulta reconoció la
responsabilidad directa de la República Dominicana en las perturbaciones del
Caribe e hizo incluir una referencia a dicha responsabilidad en el texto de las
resoluciones definitivas que fueron adoptadas.
En la IV Reunión de Cancilleres, celebrada en
Washington, la República obtuvo un triunfo de primordial trascendencia para el
fortalecimiento de la democracia en el Continente, al lograr la aprobación de
una resolución presentada por la delegación cubana, intitulada “Fortalecimiento
y Ejercicio Efectivo de la Democracia”, en el que, por primera vez en una
reunión internacional, se llegó al acuerdo de llevar a una convención aquellos
principios según los cuales la seguridad interna de nuestros países tiene por
base la confianza y el respaldo que los pueblos den a sus respectivos
gobiernos, lo cual no podrá lograrse mientras no exista en cada país un sistema
efectivo de democracia representativa que ponga en práctica los derechos y
deberes del hombre y la justicia social.
Insistiendo en sus doctrinas tradicionales, el
Gobierno cubano logró la aprobación, en la reunión de Río de Janeiro, y por el
Comité Jurídico Interamericano, de que en el reconocimiento de los Gobiernos
establecidos por la fuerza se tuviese en cuenta la garantía que ofrecieran
estos regímenes a los derechos de la persona humana.
En el aspecto económico, la política
internacional de Cuba tuvo como objetivo fundamental el progreso de la
economía-nacional, protegiendo y estabilizando los sectores agrícolas e
industriales.
Todo esto
ajustado a los principios sociales y lineamientos económicos del Autenticismo,
que a través de sus rectores declaró siempre que todo desarrollo de orden
económico debía ir aparejado a un progreso social, es decir, al mantenimiento y
la elevación, justos y adecuados, de los niveles de vida de los trabajadores.
Bajo esta
orientación, la Cancillería cubana mantuvo en todo momento una serie de
negociaciones encaminadas a garantizar la venta más beneficiosa de nuestro
producto básico: el azúcar; asegurándole mercados, tanto en los Estados Unidos
como en Europa, donde se lograron algunas negociaciones importantes, al
firmarse convenios o arreglos comerciales con la Gran Bretaña, Alemania y otros
países.
Tras el golpe
de Estado del 10 de marzo de 1952 fue designado para ocupar el Ministerio de
Estado el doctor Miguel Ángel de la Campa.
Durante su
gestión se formaron acuerdos comerciales con Chile, mejorando nuestras
posibilidades de exportación de azúcar y tabaco. Con el Gobierno de España se
acordó un nuevo Régimen de Pagos, cuyos resultados derivaron en el incremento
de las exportaciones de tabaco torcido a dicho país. También se formalizó con
el Gobierno de Francia un acuerdo relativo a ventas de azúcar, bajo condiciones
crediticias favorables.
También se llegó
a un acuerdo con el Gobierno de Estados Unidos, en la cuestión de las
importaciones de arroz procedentes de dicha nación, que desde hacía tiempo
venía afrontando dificultades; se celebraron conversaciones con la Misión
Japonesa de Buena Voluntad y Comercio, que visitó la Isla, obteniéndose como
resultado un intercambio de notas en el que se sentaron las bases para la
concertación de un tratado de comercio, con el fin de incrementar en el futuro
las relaciones comerciales recíprocas.
En 1959, tras
el triunfo de la Revolución Cubana, el Ministerio fue abolido y se creó el 23
de diciembre de ese año el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Ministros de Estado
de la República de Cuba
|
||
Foto
|
Nombre
|
Comienzo
en el cargo
|
Carlos
de Zaldo y Beurmann
|
20
de mayo de 1902
|
|
Carlos
Ortiz Coffigny
|
16
de agosto de 1904
|
|
Juan
Francisco O´Farrill Chapottin
|
6
de marzo de 1905
|
|
Justo
García Vélez
|
28
de enero de 1909
|
|
Manuel
Sanguily Garrite
|
22
de enero de 1910
|
|
Cosme
de la Torriente Peraza
|
20
de mayo de 1913
|
|
Pablo
Desvernine Galdós
|
10
de enero de 1914
|
|
Rafael
Montoro Valdés
|
20
de mayo de 1921
|
|
Carlos
Manuel de Céspedes y Quesada
|
17
de junio de 1922
|
|
Rafael
Martínez Ortiz
|
18
de noviembre de 1926
|
|
Francisco
María Hernández Hernández
|
31
de diciembre de 1930
|
|
|
|
José
Clemente Vivanco Hernández
|
6
de mayo de 1931
|
Orestes
Ferrara Marino
|
1ro
de abril de 1932
|
|
Carlos
Manuel de Céspedes y Quesada
|
12
de agosto de 1933
|
|
Guillermo
Portela Moller
|
9
de septiembre de 1933
|
|
Manuel
Márquez Sterling Loret de Mola
|
13
de septiembre de 1933
|
|
Cosme
de la Torriente Peraza
|
20
de enero de 1934
|
|
José
Barnet y Vinageras
|
26
de febrero de 1935
|
|
José
Manuel Cortina García
|
20
de mayo de 1936
|
|
Rafael
Montalvo Morales
|
24
de diciembre de 1936
|
|
Juan
Remos Rubio
|
1ro
de marzo de 1937
|
|
Miguel
Ángel de la Campa Caraveda
|
10
de junio de 1939
|
|
José
Manuel Cortina García
|
10
de octubre de 1940
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José
Agustín Martínez Viademonte
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18
de agosto de 1942
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Emeterio
Santovenia Echaide
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9
de marzo de 1943
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Jorge
Mañach Robato
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7
de marzo de 1944
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Gustavo
Cuervo Rubio
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10
de octubre de 1944
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Alberto
Inocente Álvarez Cabrera
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12
de octubre de 1945
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Ángel
Solana García
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30
de abril de 1947
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Rafael
Pérez González Muñoz
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13
de mayo de 1947
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Carlos
Hevia y Reyes Gavilán
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10
de octubre de 1948
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Ernesto
Dihigo y López Trigo
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7
de febrero de 1950
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Miguel
Ángel de la Campa Caraveda
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7
de mayo de 1951
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Oscar
Gans Martínez
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30
de agosto de 1951
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Aureliano
Sánchez Arango
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2
de octubre de 1951
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Miguel
Ángel de la Campa Caraveda
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10
de marzo de 1952
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Andrés
Domingo Morales del Castillo
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1955
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Carlos
Saladrigas Zayas
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1955
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Gonzalo
Güell y Morales de los Ríos
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1956
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Roberto Daniel Agramonte Pichardo
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1959
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Ministros de
Relaciones Exteriores
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Foto
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Nombre
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Comienzo en el cargo
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Raúl
Roa García
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1959
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Isidoro
Malmierca Peoli
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1976
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Roberto
Robaina González
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1993
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Felipe
Pérez Roque
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1999
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Bruno
Rodríguez Parrilla
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2009
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