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viernes, 20 de mayo de 2016

La Caja de Retiro de los Gastronómicos

Edificio de Carlos III y Marqués González, sede de la Caja del Retiro
de los Trabajadores Gastronómicos
La Caja de Retiro y Asistencia Social de loa Trabajadores Gastronómicos fue creada por la Ley número 18 de 1950, luego de diez años de gestiones de los dirigentes de ese sector, con el objetivo de proporcionar un organismo de seguro social que proporcionara al obrero desprovisto un medio de vida decoroso una vez que concluyera su vida laboral.

Tenía la Caja su sede en el edificio No. 603 de la calle Carlos III en La Habana. Recababa sus fondos mediante las aportaciones de patronos y obreros del giro gastronómico y con tributos forzosos establecidos por la ley sobre el consumo de bebidas alcohólicas, lo que llegó a provocar fuertes enfrentamientos con la Confederación Patronal de Cuba opuesta  a pagar este impuesto. El dinero de la Caja debía emplearse, según sus estatutos fundacionales, en proporcionar jubilaciones a los trabajadores del sector gastronómico que por incapacidad física no pudieran ganar su subsistencia y a conceder pensiones a los familiares de los que fallecieran por accidente o enfermedad en el desempeño de sus funciones.

Por la Ley 18 de 1950 quedaba establecido que estaban obligados a contribuir con fondos a la Caja de Retiro Gastronómico todas las personas naturales que en el territorio nacional permanente, temporal o eventualmente, trabajasen o prestasen servicios, mediante sueldo, salario, comisión, ajuste, contrata o cualquier otro tipo de remuneración, en cualquier hotel, cafetería, restaurante, fonda, figón, café, café sin alcohol, bar, cantina, fuente de soda, taberna, hospedaje, posada, casa de huéspedes, cabaret, night club, casino, club de recreo, balneario, playa, centros de diversión en general y establecimientos similares que se dedicaran a labores propias del ramo gastronómico y su conexos, y los  “dealers” o “croupiers” que trabajase en establecimientos legalmente autorizados para los juegos de azar.


Francisco Aguirre Vidaurreta, exministro de Trabajo,
Presidente de la Caja de Retiro de los
Gastronómicos
También tenían la misma obligación todas las personas naturales o jurídicas que, como propietarias, arrendatarias o en cualquier otro concepto, explotasen u operasen cualquier hotel, restaurante, cafetería, fonda, figón, café, café sin alcohol, fuente de soda, bar, cantina, taberna, hospedaje, posada, casa de huéspedes, cabaret, night club, casino, club de recreo, balneario, playa y establecimientos similares establecidos o que se establecieran en la República de Cuba.

Los obreros comprendidos dentro de esas categorías contribuirían mensualmente a los fondos de la Caja de Retiro y Asistencia Social de los Trabajadores Gastronómicos, con el tres por ciento del importe de los sueldos o salarios que percibiesen; y los patronos con el importe del tres por ciento de la suma total de las nóminas de sueldos y salarios que pagasen mensualmente a sus trabajadores.

Además, los trabajadores gastronómicos contribuirían a los fondos de la institución con el importe de los aumentos de salarios que devengaran el primer mes, cuando por ascenso obtengan mayor retribución; y con el 15 por ciento del sueldo mensual cuando por primera vez prestasen servicios en la industria gastronómica.

Como Presidente de la Caja de Retiro y Asistencia Social de loa Trabajadores Gastronómicos fue nombrado Francisco Aguirre Vidaurreta “El Vazco”, un antiguo dirigente sindical vinculado al autenticismo, que había sido representante a la Cámara y Ministro de Trabajo en 1947. Aguirre Vidaurreta era, además, propietario del restaurante Kasalta, ubicado en 5ta Avenida a la salida del túnel. Bajo su presidencia la Caja se embarcó en la construcción del hotel Habana Hilton en el Vedado habanero, que luego arrendaría a la cadena norteamericana “Hilton Hotels International”. 

El negocio del Hilton arruinó a la Caja, pues sus fondos resultaron insuficientes para financiar la obra, por lo que tuvo que acudir a préstamos de los bancos paraestatales cubanos. Para rematar una gestión desastrosa en el negocio del Hilton sus dirigentes (que habían sido acusados de numerosas irregularidades desde antes de que se colocara la primera piedra del hotel) firmaron un ruinoso contrato de arrendamiento con los Hilton en que asumían casi todos los riesgos de la operación.

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