Preserving cuba´s memory

lunes, 20 de febrero de 2017

El monstruo de Rancho Luna

Corrían los primeros días de 1959 cuando la noticia sobre la existencia de un monstruo aterró a los vecinos de la playa Rancho Luna en Cienfuegos.

Aseguraban los lugareños que en las noches más oscuras emergía del mar una figura extraña que corría velozmente dando fuertes alaridos… al amanecer una larga fila de animales destrozados era el balance de su obra.

El pánico se apoderó de los vecinos. Los pocos ricos recogieron a toda prisa sus propiedades y partieron con rumbo a Cienfuegos, mientras los más pobres acampaban con enseres y prole bajo la protección de los muros del Castillo de Jagua.

Sólo los más osados decidieron quedarse a enfrentar al “monstruo de la playa”, que el imaginario popular igualaba ya al abominable hombre de las nieves. Noche tras noche montaban guardia frente al mar los guajiros con escopetas, apoyados por una legión de entusiastas y descreídos jóvenes alborotadores de la ciudad de Cienfuegos, para los que la existencia de una entidad malvada y sobrenatural se había convertido en la excusa perfecta para parrandear en la playa. Mas, pasaban los días y el monstruo no daba señales o, misteriosamente, aparecían los rastros sangrientos de animales muertos lejos de donde los hombres vigilaban, como si el mismo demonio le dijera al ser donde estaban apostadas las cuadrillas que lo cazaban.

Al fin, cuando ya la desesperanza y el miedo se iban enterrando hasta en los corazones de los más valientes sucedió el encuentro…

Un campesino solitario le vio emerger del mar. Era una noche nublada de cuarto menguante por lo que la oscuridad que le rodeaba era casi total y sólo sus ojos rojos brillaban mientras avanzaba con paso lento chorreando agua. 

El hombre alargó el brazo temblando y alcanzó su escopeta, la levantó a la altura de los ojos y sin apuntar disparó. Un alarido y el monstruo se derrumbó sobre su costado… Cuando, tras tranquilizarse y darse valor, el campesino se acercó pudo ver que el temido monstruo era un jíbaro de tamaño colosal, como nunca se había visto en la zona.

Pasaron los días y las familias regresaron a sus hogares; pero aún, después de más de cincuenta años, los vecinos evitan salir en las noches de cuarto menguante y se asoman por las persianas para observar con cautela una sombra negra que emerge del mar y se disipa lanzando un alarido mientras cae pesadamente sobre su costado…

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