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| Escudo de Pinar del Río |
Geografía:
La antigua provincia de Pinar del Río tenía una superficie de 13 500 Km2, lo que representaba poco menos del 12 por ciento del territorio nacional, ocupando el cuarto lugar en extensión entre las provincias del país, por delante de Matanzas y La Habana, las dos más pequeñas. Su población, conforme al censo de 1953 era de 448 422 habitantes, la quinta provincia en población, con densidad de población de 33 habitantes por Km cuadrado. Su población urbana era de sólo 152 861 habitantes (34 por ciento), con lo cual resultaba Pinar del Río la provincia con mayor porcentaje de población viviendo en el medio rural en el país. Tan reducida población rural se explicaba por el hecho de que en 1953 sólo tres ciudades de la provincia superaban los 10 000 habitantes.
Los 25 términos municipales que tenia la provincia al cesar la soberanía española habían quedado reducidos a 15 (Artemisa, Cabañas, Candelaria, Consolación del Norte, Consolación del Sur, Guanajay, Guane, Los Palacios, Mantua, Mariel, Pinar del Río, San Cristóbal, San Juan y Martínez, San Luis y Viñales. En un caso (Guayabal), el término había pasado a la provincia de La Habana y había sido incorporado a Caimito del Guayabal; mientras los otros nueve (Alonso de Rojas, Bahía Honda, Baja, Cayajabos, Julián Díaz o Paso Real de San Diego, Mangas, San Diego de los Baños, San Diego Núñez y Santa Cruz de los Pinos) fueron suprimidos definitivamente. Los ayuntamientos de Candelaria, Los Palacios y Mariel también habían sido eliminados, pero fueron restituidos en 1910.
La provincia se encontraba situada en el extremo occidental de la Isla, limitando por el norte con el Golfo de México, por el este con la provincia de La Habana, por el sur con el Mar de las Antillas y por oeste con el estrecho de Yucatán.
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| Municipios de la antigua provincia de Pinar del Río |
Formaba parte Pinar del Río de la región occidental de Isla que conformaban, además, las provincias de La Habana y Matanzas y parte de la de Las Villas.
Según el eminente geógrafo Leví Marrero, dentro de la región de Occidente pueden distinguirse dos grandes secciones una, constituida por la casi totalidad de la antigua provincia pinareña y otra, que comprendía desde Artemisa, Pinar del Río al oeste hasta las sabanas de Manacas, Las Villas, al este. La primera, o sea, la sección de Pinar del Río, podía dividirse en siete subregiones: 1) la Cordillera de los Órganos y sus valles intramontanos; 2) la Sierra del Rosario, 3) las Alturas de Pizarra; 4) la llanura Costera del Sur de Pinar del Río; 5) la llanura Costera del Norte de Pinar del Río, 6) la Península de Guanahacabibes y 7), aunque políticamente nunca perteneció a la provincia, la Isla de Pinos.
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| Vivienda campesina en un valle intramontano de Pinar del Río (1916) |
Marrero señala a la vez que la parte de la provincia situada al oeste del meridiano de Artemisa, ofrece una notable variedad de paisajes, con muchos aspectos que no se encuentran en el resto de Cuba. Las formas del relieve constituyen el principal elemento distintivo de la división en las siete subregiones que se mencionaron precedentemente. Agrega que el relieve de Pinar del Río está dominado por una estructura anticlinal de unos 180 kilómetros de largo, cuya anchura oscila entre seis y 14 kilómetros. Esta columna vertebral montañosa, que ocupa la mayor parte de la mitad oriental de la provincia, va del suroeste al noreste y está constituida por una zona de plegamientos, fallas y sobrempujes, conocida en su totalidad como Cordillera de Guaniguanico.
No pretendemos seguir punto por Punto la brillante exposición que brinda el profesor Marrero sobre la topografía de Piñal del Río, y el proceso geomórfico que dio origen a la Cordillera de los Órganos y demás alturas del extremo occidental de la Isla, puesto que las referencia a los principales accidentes geográficos se podrán encontrar en las entradas destinas a los municipios que conformaban las seis antiguas provincias de Cuba.
Baste señalar la conveniencia, sobre todo para quien no está familiarizado con el relieve de la región, de distinguir entre tres tipos de elevaciones que allí existen 1) La Cordillera de los Órganos, nombre que le fue dado por los marinos al observar en la distancias las montañas irregulares que semejaban a ese instrumento musical; 2) La Sierra del Rosario, constituida por alturas calizas, comprendidas entre el río San Diego, al oeste, y el caserío de Martín Mesa, en el término municipal de Mariel, al este, que comprende una serie de cadenas montañosas paralelas, orientadas ligeramente del suroeste al noroeste y muy próximas a la costa norte, de la cual le separa una estrecha llanura costera; y, 3) las Alturas de Pizarra, que ofrecen un marcado contraste con la Cordillera de los Órganos, a la cual bordean por el norte y el subregión esta que se caracteriza por la abundancia de extensos pinares que alternan con encinares. Los pinos y las encinas han encontrado refugio allí por la pésima calidad de los suelos arenosos y poco profundos que predominan.
Las elevaciones existentes en Pinar del Río y la extensa porción del territorio que ocupan, unido a la pésima calidad de las tierras que forman las Alturas de Pizarra, bastaría para explicar la limitación del área de cultivo de la provincia tamo más cuanto buena parre del territorio de sus costas, sobre todo al sur, está cubierto de mangles y zonas pantanosas y la Península de Guanahacabibes en su mayor parte no es apropiada para cultivos por estar formada por rocas calizas de origen coralino, con superficie excesivamente pedregosa.
Economía:
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| Un veguero en su vega (años 50) |
A pesar de la pobre calidad de la mayor parte de sus suelos, Pinar del Río era una provincia esencialmente agrícola. Hasta poco antes del triunfo de la Revolución Cubana, su producción agropecuaria equivalía al 11.4 % de la nacional y estaba representado por: tabaco (50 %), caña de azúcar (12 %), ganado (10 %), boniato, yuca, malanga y otras viandas (10 %), arroz (5 %), maíz (5 %), piña morada (3 %), productos forestales (1 %). También producía, pero en cantidades pequeñas, otros productos como café, frijol negro, pimiento, papa, calabaza, tomate, aguacate, berenjena, plátano y cebolla, entre otros.
El tabaco era la primera y más importante fuente de riqueza de Pinar del Río, representando su producción anual el 56 por 100 de la producción tabacalera nacional, seguido por la de Las Villas, que producía el 33 por 100. A continuación figuraba la producción azucarera, reducida a la contribución de nueve centrales (Andorra, Bahía Honda, El Pilar, La Francia, Mercedita, Niágara, Orozco, San Cristóbal y San Ramón), los cuales en las zafras de 1957 y 1958 molieron 142 007 304 y 164 023 220 arrobas de caña, respectivamente, con una producción total equivalente a 1 739 525 y 1 980 479 sacos de 250 libras de azúcar cada uno, también respectivamente, y una producción de 8 790 415 también y 9 283 024 galones de miel, respectivamente también. Sin embargo el rendimiento promedio de estos centrales durante un período de ocho años (1951-58) fue de 12,5 por 100, el más bajo del país. Seguíanle en orden de importancia la producción ganadera, la de viandas la de cereales y legumbres, etc. Como parte de esta última, cobraba cada vez mayor importancia en los últimos años el cultivo del arroz.
Aparte de la explotación de sus minas, y en especial de las minas de cobre de Matahambre, de dos fábricas de cemento y de algunas otras industrias relacionadas con su producción agrícola, prácticamente carecía Pinar del Río de factores industriales, lo cual limitaba las fuentes de trabajo.
Contaba con 23 030 fincas, con un área total de 968 883 hectáreas, equivalentes al 11 % del área total de las fincas de la nación. Sus tierras de cultivo sumaban 146 758 hectáreas (15 %); en tanto que 431 556 hectáreas (45 %) estaban dedicadas al pastoreo; 196 706 (20 %) cubiertas de monte; 46 635 (5 %) afectadas por el marabú y el resto, 144 770 (15 %) reservadas para otros usos. Estos datos, cuando se comparaban con las provincias del centro – oriente de la Isla revelaban un inadecuado aprovechamiento del terreno, un incremento de la ganadería sobre el sistema extensivo y un auge en la propagación del marabú. Todo lo anterior relacionado, al parecer, con la pobre presencia de la industria azucarera en la provincia.
Del total precedentemente mencionado, 3 373 fincas, con una superficie de 208 114 hectáreas, eran explotadas directamente por sus propietarios; 616 fincas, con 300 453 hectáreas, por administradores; 4 942 fincas, con 225 864 hectáreas, por arrendatarios, y, en algunos casos, subarrendatarios; 12 559 fincas, con 189 209 hectáreas, por aparceros o partidarios, y sólo 393 fincas, con una superficie de 2 536 hectáreas, estaban ocupadas por precaristas. Huelga decir que las condiciones en que gran parte de estas fincas eran cultivadas no podían resultar más onerosas, al menos desde el punto de vista del interés del labrador, aunque esa situación no fuera otra cosa que la subsistencia de un sistema cuyo origen se remontaba a decenas y decenas de años. La explotación de la tierra mediante contratos de aparcería era tradicional en el cultivo del tabaco y en algunos otros cultivos, y aun cuando es cierto que estaba extendido por todo el país, en ninguna otra provincia había alcanzado las proporciones a que llegaba en Pinar del Río.
Las provincias que le seguían, tanto en número de aparceros como en superficie de terreno entregado a partido, eran Las Villas, con 7 166 fincas v 110 692 hectáreas, y Oriente, con 7 764 fincas y 94 319 hectáreas, cifras considerablemente inferiores, sobre todo si se tiene en cuenta la mayor amplitud territorial de esas provincias. La primacía de Pinar del Río no constituía un timbre de gloria y sí, por el contrario, manifestación de atraso. En cambio, Vuelta Abajo había progresado en cuanto al empleo de algunos métodos destinados a lograr un mayor rendimiento de las cosechas, puesto que contaba con sistemas de riego en el 15 por 100 de sus fincas, principalmente en las zonas productoras de tabaco y de arroz de Consolación del Sur, Pinar del Río, San Luis y San Juan y Martínez, figurando los agricultores pinareños en primer lugar respecto al uso de fertilizantes, con un área abonada de 48 707 hectáreas.
No podemos poner fin a estos breves comentarios sobre la economía vueltabajera sin reconocer que, como había ocurrido desde época precolombina y se acentuó durante los primeros siglos de vida colonial, la provincia era la más pobre del país. Si otras regiones de Cuba debían su progreso al azúcar, Pinar del Río estaba pagando un precio muy elevado por no haberse beneficiado de la expansión azucarera, como lo demostraban sus bajos ingresos por concepto de salarios. El total de los jornales que se pagaban a sus trabajadores agrícolas apenas alcanzaba a una cuarta parte de lo que recibían los obreros de cualquiera de las provincias situadas en la mitad oriental de la Isla, y parejamente el salario mensual promedio que se abonaba al jornalero de una finca de las ubicadas en Occidente era el más bajo de Cuba.
No es por tanto extraño que los ingresos de sus administraciones municipales fueran igualmente los más reducidos del país, aún cuando esto se podía atribuir en parte al compadreo político y la mala administración pública. Según el Tribunal de Cuentas en 1951 – 1952 los presupuestos de los quince términos municipales de Pinar del Río ascendía a $ 932 242 pesos, cifra que representaba, apenas, la mitad de Matanzas y menos de la tercera parte de la de Camagüey, por sólo mencionar las de menor presupuesto. En el caso del presupuesto de la provincia sucedía exactamente lo mismo, o peor, por lo que en todos los años de la República la administración provincial sobrevivió gracias a la subvención del Estado cubano.
Datos censales:
A partir del cese de la soberanía española, Pinar del Río aumentó la población con que contaba el 1ro de enero de 1899, conforme puede apreciarse con los datos que ofrecemos a continuación:
1887
|
1899
|
1907
|
1919
|
1931
|
1943
|
1953
|
219
554
|
170
354
|
240
372
|
261
198
|
343
480
|
398
794
|
448
422
|
La tasa intercensal del crecimiento aritmético anual de la población de la provincia pinareña entre 1899 y 1907 fue de un 5.2 por 100, pero este porcentaje se redujo a sólo 0.7 por 100 en el período que medió entre el censo de 1907 y el censo de 1919 subiendo al 2,6 por 100 durante los años que siguieron hasta el censo de 1931, y reduciéndose al 1.3 por 100, es decir, por debajo de la tasa nacional, de 1,7 y 2,3 por 100 respectivamente, para los años que mediaron entre el censo de 1931 y el de 1943, y entre el censo de 1943 y el de 1953.
Por lo que a Pinar del Río se refiere, se ha atribuido ese fenómeno a cierta corriente demográfica que trajo consigo el traslado de muchos trabajadores agrícolas de Vuelta Abajo hacia Camagüey y Oriente en los años de auge de la industria azucarera, cuando se fomentaron nuevos ingenios en esas provincias. Se afirmaba entonces que miles de trabajadores se habían trasladado a Vuelta Arriba en demanda de empleo. Los datos censales, sin embargo, no indican que sea exacta tal afirmación, o por lo menos evidencian que en todo caso los obreros pinareños que pudieron haber marchado a Camagüey y Oriente no permanecieron allí. Y, en cambio, revelan que Pinar del Río y Las Villas fueron las provincias que mayores aportes hicieron al incremento de la población de La Habana, puesto que 100 142 v 114 107 residentes de esta provincia eran originarios de una y otra región.
Con respecto a Pinar del Río, hay que admitir que la provincia habanera y en especial su capital tenían un gran atractivo para muchos pinareños que encontraban allí el trabajo y el bienestar que no hallaban en su provincia natal.
Otros datos del censo revelan:
1) Que el número de viviendas urbanas era en 1953 de 35.261 y el de viviendas ru¬rales de 52.058, haciendo un total de 87 319.
2) Que la población económicamente activa de catorce y más años de edad ascendía a 150 648 y la inactiva a 123.937, o sea, un total de 274.585.
3) Que figuraban empadronados 99.377 analfabetos, o sea, un 31 por 100 de la población de diez y más años de edad, que ascendía a 322 249; un 18 por 100 correspondía a iletrados residentes en zonas urbanas y un 38 por 100 a los de zonas rurales.
4) Que los electores registrados sumaban 223 026.
5) Que de los 448 422 habitantes que te¬nía la provincia en 1953 eran varones 232 238 y hembras, 216 184; blancos. 357 252; negros, 63 463; asiáticos, 368, y mestizos, 27 339.
6) Que Pinar del Río era la provincia con menor número de extranjeros, puesto que de los 149 327 que existían en el país, únicamente residían en Vuelta Abajo 2 623, siendo de estos 1 673 españoles, 235 chinos y 133 norteamericanos.
Población total por municipios:
Municipio
|
1887
|
1899
|
1907
|
1919
|
1931
|
1943
|
1953
|
15 775
|
9 317
|
14 719
|
21 497
|
25 322
|
31 574
|
35 735
|
|
Cabañas
|
21 246
|
7 107
|
11 552
|
17 645
|
21 693
|
28 303
|
31 939
|
Candelaria
|
9 875
|
4 866
|
-
|
9 691
|
14 018
|
15 585
|
14 672
|
Consolación
del Norte
|
7 934
|
7 399
|
11 471
|
13 597
|
18 371
|
20 655
|
26 111
|
Consolación
del Sur
|
26 645
|
19 084
|
28 819
|
32 496
|
43 790
|
47 068
|
50 915
|
Guanajay
|
9 512
|
8 976
|
15 336
|
11 745
|
14 695
|
16 502
|
18 328
|
Guane
|
22 708
|
14 760
|
29 236
|
20 046
|
27 502
|
30 954
|
34 137
|
Los
Palacios
|
11 421
|
4 327
|
-
|
13 490
|
18 270
|
18 519
|
20 576
|
Mantua
|
11 122
|
8 366
|
11 041
|
10 592
|
12 855
|
13 780
|
15 274
|
Mariel
|
7 902
|
3 631
|
-
|
8 614
|
11 106
|
12 631
|
13 667
|
Pinar del
Río
|
29 497
|
38 343
|
50 071
|
47 858
|
63 041
|
77 051
|
93 115
|
San
Cristóbal
|
9 066
|
4 263
|
20 388
|
13 195
|
19 695
|
21 776
|
22 578
|
San Juan
y Martínez
|
17 794
|
14 787
|
19 807
|
17 214
|
22 830
|
28 941
|
31 826
|
San Luis
|
7 327
|
7 608
|
11 092
|
10 547
|
14 902
|
19 236
|
23 519
|
Viñales
|
11 550
|
11 700
|
16 840
|
12 971
|
15 460
|
15 919
|
15 950
|
Totales
|
219 554
|
170 354
|
240 372
|
261 198
|
343 480
|
398 794
|
448 422
|
Gobernadores provinciales:
Años
|
Nombres
|
1899
|
Guillermo
Dolz y Arango (de facto)
|
1901
|
Joaquín
Quílez Gaspar (de facto)
|
1902
|
Rafael
Escasena y Ferragut (de facto)
|
1902 - 1906
|
Luis
Pérez Rodríguez
|
1906
|
Indalecio
Sobrado Lago
|
1908
|
Indalecio
Sobrado Lago
|
1908
|
George W. Read (de facto)
|
1908 - 1914
|
Indalecio Sobrado Lago *
|
1914 - 1915
|
José Baldor Valdés **
|
1915 - 1917
|
Oscar del
Pino Ponce de León
|
1917 -
1927
|
Manuel Herryman
Gil***
|
1927 -
1933
|
Ramón
Fernández Vega
|
1933
|
Oscar del
Pino Ponce de León
|
1933
|
Federico
Quintero Cuervo (de facto)
|
1933
|
Antonio
Gómez Miranda (de facto)
|
1933 -
1936
|
José A.
Navarro Cano (de facto)
|
1936 -
1940
|
Juan
Argudín Gutiérrez
|
1940
|
Alfredo
Roig Junco (de facto)
|
1940 -
1944
|
Salvador
Díaz Valdés
|
1944
|
Armando
del Pino Sandrino
|
1948 -
1958
|
Cirilo
Bugallo Blanco****
|
*
Falleció en el cargo el 3 de diciembre de 1914, pasando el cargo al
presidente del Consejo
** Renunció
por haber sido electo Representante a la Cámara, ocupando el cargo el
presidente del Consejo
***
Durante el período que disfrutó de licencia electoral como candidato a
Representante ocupó el cargo el consejero Octaviano Herrera Cepero y habiendo
fallecido éste el 9 de noviembre de 1926 lo sustituyó el secretario de la
administración provincial Héctor Herrero y Baylina.
**** En
1954 durante el período que disfrutó de la licencia electoral como candidato
reeleccionista, ocupó el cargo como gobernador el secretario de la administración
provincial, Raúl Delgado Baguer.
|
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