Preserving cuba´s memory

miércoles, 1 de junio de 2016

Municipio Artemisa

Segunda Zafra comienza a publicar una serie de trabajos sobre los antiguos términos municipales cubanos: sus características geográficas, sociopolíticas y económicas hasta 1958.

Límites del término municipal de Artemisa en la provincia de Pinar del Río

Artemisa:

Geografía: 

El término municipal de Artemisa se encontraba situado en el extremo oriental de la provincia de Pinar del Río. Limitaba por el norte con los términos municipales de Cabañas y Guanajay; por el este con los de San Antonio de los Baños y Alquízar, de la provincia de La Habana; por el sur con el Mar de las Antillas y por el oeste con el término municipal de Candelaria. 

Ubicado en la parte más estrecha de la Isla, en los llanos meridionales del Occidente. Llanuras muy fértiles que fueron sumamente aprovechadas para los fines agrícolas. Existían sin embargo, en el municipio, algunas alturas de poca importancia. Están se encontraban situadas en la parte noroeste del barrio de Cayajabos, junto a la sierra del Rosario. Su región costera, al sur que se extendía desde el embarcadero de las Guásimas hasta la Punta del Corojal, en la ensenada de Majana, era cenagosa. En el barrio de Cayajabos existía un balneario de aguas sulfurosas que recibía el nombre de Charco Azul.


El territorio era regado por diversos ríos: el Artemisa, que se iniciaba en el centro de la hacienda San Marcos y se dirigía al norte donde entraba en el término municipal de Guanajay; el Pedernales que nace en el barrio de Mojanga y encaminándose al norte se divide en dos brazos, uno que entra al término de Candelaria por el barrio de San Juan y otro que dobla a la derecha por el barrio de Cayajabos y entra en el municipio de Guanajay, terminando por desaguar en la ciénaga litoral; el río Capellanías que nacía en el término municipal de Guanajay, servía de límite con los municipios de San Antonio de los Baños y Alquízar, para, en definitiva se sumergirse en las proximidades de la estación del ferrocarril de Dagame. Además, existían dentro del antiguo municipio de Artemisa varias lagunas, como las denominadas Gamboa, García y Tesoro.

Parque de Cayajabos
La porción meridional, aparte pantanosa, estaba cubierta por espesos manglares costeros. Se contaban también dentro del municipio numerosas cuevas, muchas de éstas con extensos lagos, donde se podían encontrar peces ciegos y otras especies cavernícolas, como las grutas de Aston, en Las Cañas.

La cabecera, Artemisa, surgió junto al Camino Real de Vuelta Abajo, a principios del siglo XIX, y se convirtió en una próspera población conocida como la Villa Roja por el color bermejo de la mayor parte de su suelo, con amplias y bien trazadas calles siempre en magnífico estado de conservación.

El esfuerzo de los artemiseños convirtió su ciudad en el segundo en importancia de los núcleos urbanos de la provincia Pinar del Río y uno de mayor actividad, agrícola, industrial y comercial. El censo de 1953 le atribuía una población de 17 461 habitantes lo que suponía que entre 1931 y 1953 (después de inaugurada la Carretera Central), prácticamente duplicó el número de sus moradores.

Seguía en orden de importancia el poblado de Las Cañas, fundado a principios del siglo XIX y situado a unos diez kilómetros al sur de la cabecera, junto a la línea de los Ferrocarriles Occidentales. El censo de 1953 le señalaba una población de 1789 habitantes. Fue destruido durante la guerra de 1895 y posteriormente reconstruido. De relativa importancia era también la población urbana del Central El Pilar, que en 1953 ascendía a 1.181 habitantes. Esta se encontraba  situada en las proximidades de la Carretera Central, entre Artemisa y Guanajay.

Se deben mencionar también, por la importancia que en el pasado, los asentamientos de Puerta de la Güira, Cayajabos y Pijirigua:

Puerta de la Güira, cabecera del partido del mismo nombre, perteneció originalmente a la jurisdicción de Guanajay, y en 1879 pasó a formar parte, como barrio rural, del naciente municipio de Artemisa. La población se encontraba ubicada al este de la cabecera municipal, sobre una llanura cubierta de estancias y sitios de labor.

Cayajabos se encontraba al noroeste, junto a la carretera que unía a Artemisa con Cabañas, en una porción del territorio en parte es montañosa y donde se elevan varias lomas, como la de Peña Blanca, la del Nudo, la Pelada y algunas más, todas conocidas impropiamente con el nombre de lomas del Cuzco. En 1879 fue creado como Ayuntamiento de Cayajabos, suprimiéndolo la Orden Militar 93 de 27 de febrero de 1900, que anexó a Guanajay los barrios Jobo Primero y Jobo Segundo y el resto del a Artemisa. La fundación del poblado data de fines del siglo XVIII, puesto que ya existía en 1798 cuando el obispo Trespalacios respondiendo a gestiones de los vecinos, autorizó la construcción de una iglesia, declarándola auxiliar de la parroquia de Guanajay. En 1863 el templo fue totalmente reconstruido, erigiéndolo en parroquia el obispo Fleix y Solans. El 4 enero 1896 la avanzada de la columna invasora tomó el pueblo y lo destruyó por el fuego. En 1953 contaba con menos de 1000 habitantes en su zona urbana.

Pijirigua era apenas un caserío situado a seis kilómetros de la villa cabecera, junto al central Andorra, al oeste del término municipal y próximo a la línea del ferrocarril. El 11 marzo 1896 fue tomado y destruido el poblado por las fuerzas del coronel Federico Núñez. 

Economía

Su producción agropecuaria equivalía al 5 por ciento de la provincial, estando representada por: caña de azúcar, piña morada, ganado, tabaco, maíz, yuca agria, yuca dulce, boniato y otras viandas, hortalizas, papa, maní, productos forestales, etc. El cultivo de la caña de azúcar constituía el 42 por ciento de la producción municipal, ocupando Artemisa el segundo lugar en rango entre los términos municipales que producían caña en la región, equivaliendo la caña cosechada en Artemisa al 18 por ciento de la que se cultivaba en toda la provincia de Pinar del Río.

La piña morada aportaba, por su parte, el 19 por 100 de los ingresos agropecuarios, del mismo modo que los productos de la ganadería contribuían con el 13 por 100 y el tabaco y las viandas con el 6 por 100 cada uno. Sus áreas dedicadas a pasto sumaban 16.012 hectáreas y las cubiertas de monte 1.363, estando afectadas por el marabú sólo 69 hectáreas.

No obstante ser importante para Artemisa la producción agropecuaria, posiblemente eran mayores los ingresos que derivaba de la actividad industrial y comercial, siendo como era el más importante centro mercantil de la mitad oriental de la provincia. Además de radicar en su territorio dos importantes ingenios azucareros, en los años que siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial surgieron en el término municipal numerosas fábricas, y poco antes de 1959 se establecieron la calera Santa Teresa y la fábrica de cemento del mismo nombre, con lo cual había en el TM fábricas de licores, refrescos, mosaicos, pintura, muebles, tabaco, envasaderos de frutas, que se traducían en puestos de trabajo para la población.

El central Andorra (antes Lincoln), fundado en 1917, de propiedad cubana, podía moler 220 000 @ de caña en 24 horas; poseía 958 caballerías de tierra propia, con 202 colonias, 51.4 km de vía férrea, empleaba unos tres mil obreros en zafra. En las moliendas de 1957 y 1958 produjo 209 070 y 228 077 sacos de 250 libras de azúcar, respectivamente, y 1 101 342 y 1 469 914  galones de miel, también respectivamente.

A esto había que agregar algunas pequeñas explotaciones mineras en los yacimientos de asfalto y petróleo de Cayajabos.

El término municipal era atravesado de este a oeste por la línea de los Ferrocarriles Occidentales y por la Carretera Central. Por esta última la distancia a Guanajay y La Habana hacia el este es de 15 y 60 kilómetros respectivamente y a Pinar del Río, hacia el oeste, 114 km. Existía, además, una carretera que se dirigía a Cabañas por vía de Cayajabos y otras que conducían a Las Cañas, El Pilar, Pijirigua y otros asentamientos menores. 

Artemisa contaba con correo, telégrafo y teléfono local y de larga distancia, además de una radioemisora local de carácter comercial.

Datos censales

Durante la República el término municipal de Artemisa casi cuadriplicó su población, como puede apreciarse a continuación:

1887
1899
1907
1919
1931
1943
1953
15 775
9 317
14 719
21 497
25 322
31 574
35 735

Es fácil apreciar que, en los doce años que mediaron entre 1887 y 1899 la población artemiseña lejos de aumentar se redujo en un cuarenta por ciento, como consecuencia directa de la Guerra de Independencia y, sobre todo, de la política de Reconcentración llevada a cabo por las autoridades españolas.

El censo de 1853, por su parte, arrojaba que:

El número de viviendas urbanas era de 5 640 y el de las rurales de 2 809, lo que hacía un total de 8 449; la población económicamente activa (14 ó más años) ascendía a 12 816 habitantes; figuraban empadronados 6 249 analfabetos, equivalentes a un 23 % de la población de diez años o más de edad.

Historia

Las primeras mercedes concedidas datan de época tan remota como el año 1566 en que se otorgó una a Cristóbal Sánchez para explotar el corral de Majana; de 1573, en que se dio una al Vínculo de Meireles para explotar el corral Mangas de Río Grande, y otra a Francisco Núñez para el corral San Diego de Cayajabos; de 1599, en que se concedió otra a Gaspar Pérez Borroto para el corral Las Virtudes o Tagua, y de 1623 en que se adjudicó al propio Pérez Borroto el derecho a explotar el corral de San Marcos de Artemisa. Sin embargo, la fundación del pueblo no sucedería hasta el siglo XIX y guardó relación con el progreso que alcanzó la región por el cultivo del café, lo que hizo que se le llamara el Jardín de Cuba por sus bien cuidados cafetales.

Allá por 1805 comenzaron a construirse, al pie del Camino de Vuelta Abajo, algunas viviendas aisladas que ocupaban una llanura cubierta de palmas, y bien pronto los vecinos levantaron una pequeña ermita de tabla y guano, a la cual el obispo Espada de inmediato asignó un capellán.

A pesar de esto, no fue hasta 1818 que la fundación del poblado cobró notable impulso debido a la magnanimidad de un ilustre cubano, don Francisco de Arango y Parreño, quien - mediante acta de 15 diciembre de dicho año, que suscribió en su nombre su secretario y apoderado don Alonso Benigno Muñoz - cedió los terrenos que sirvieron de asiento a la localidad, incluyendo ocho solares para la construcción de la iglesia y del cementerio y mil pesos en efectivo para acometer las obras de la primera. Algunos meses más tarde, el 7 julio 1820, la modesta ermita era erigida por el obispo Espada y Landa en auxiliar de la parroquia de Guanajay, designando como su primer párroco al presbítero Dr. José Antonio Pérez Armenteros. La construcción del templo se activó a partir de entonces, y finalmente quedó bendecido el 22 diciembre 1825, cuando ya existían en la zona las parroquias de San Francisco Javier, en Cayajabos, y de Nuestra Señora del Carmen, en Puerta de la Güira. La primera partida de bautismo registrada en Artemisa fue extendida en 20 noviembre de dicho año.

Tres años después el censo parroquial de 1828 daba a la naciente población un total de casas de mampostería y tejas, una de tabla y tejas, 14 de embarrado, ocho de mampostería y guano, 14 de tabla y guano y 44 de yagua y guano.

Posiblemente, como consecuencia del desplome de la industria cafetalera cubana - iniciado poco después de 1833, año en que el país recogió su mejor cosecha de aquel siglo - Artemisa perdió importancia, y el año 1846 la cabecera apenas contaba con 638 habitantes. Pese a ello, en 1875 el partido ya tenía 7 000 almas y las dos escuelas que existían en noviembre 1860 se habían transformado en 1875 en cuatro, además de otras dos que había en Cayajabos, planteles que en 1891 pasarían a ser tres escuelas municipales para varones, dos para hembras y dos escuelas particulares en la cabecera, con cuatro más para varones y una para hembras en Cayajabos.

Poco después del Pacto del Zanjón, al transformarse el régimen municipal por Real Decreto de 9 junio 1878, Artemisa surgió a la vida municipal, segregándosele de Guanajay. El Ayuntamiento quedó constituido el 1ro enero 1879 y las primeras sesiones las celebró en la casa de don Francisco de la Sierra y de Porras, bajo la presidencia de don José María Aguayo, ocupándola algún tiempo después el propio Sierra De la casa de este último pasó el Consistorio para una situada en lo que hoy día es la esquina de Maceo y general Díaz, y de este lugar para su asiento definitivo, construido por suscripción popular e inaugurado el 5 mayo 1901.
Por la Orden Militar 93, de 27 de febrero 1900, se le anexaron a Artemisa los barrios Pedernales Primero y Pedernales Segundo, del suprimido Ayuntamiento de Cayajabos, y los barrios Guanímar, Mojanga y Pijirigua, que pertenecían al suprimido Ayuntamiento de Las Mangas. Posteriormente la Orden Militar 127, de 3 mayo 1902, le anexó los barrios San Juan, Punta Brava y Pueblo Nuevo, que pertenecían al suprimido Ayuntamiento de Candelaria, y que fueron restituidos a este último al restablecerlo la ley Cabada, de 20 julio 1910.

Artemisa puede sentir el justo orgullo de haber dado a Vuelta Abajo el más ilustre de sus hijos: el sabio naturalista Tranquilino Sandalio de Noda y Martínez, nacido en el cafetal Waterloo, cerca del poblado de Las Cañas, el 3 septiembre 1808, siendo bautizado en la iglesia de Puerta de la Güira, falleciendo a los cincuenta y siete años en San Antonio de os Baños, el 17 mayo 1866 Hombre de inmensa cultura y personalidad polifacética a quien José Martí llamara “el sabio más laborioso de Cuba”.

Durante la Guerra de Independencia, Artemisa fue un importante centro de operaciones de las fuerzas españolas, por lo que las fuerzas cubanas atacaron con ferocidad tanto el pueblo como los asentamientos cercanos.

Generales del Ejército Libertador Alberto Nodarse y Mayía Rodríguez y Coronel
Miguel Iribarren
Los independentistas cubanos liderados por Antonio Maceo incendiaron los caseríos de Cayajabo, Mojanga, Las Mangas y Pijirigua y bombardearon con un cañón, aunque sin resultados prácticos, la cabecera municipal. 

Numerosos artemiseños se unieron a las huestes libertadoras. Entre ellos destacan los hermanos Alberto y Orencio Nodarse que alcanzaron los grados de general de división y coronel respectivamente.

Artemisa se benefició - durante la Primera Intervención norteamericana - al ver aumentada su demarcación con parte del territorio de los ayuntamientos de Cayajabos, Las Mangas y Candelaria que se suprimieron entonces. Sin embargo, en 1910 los tres barrios del último volvieron a dicho término municipal al restablecerlo la ley Cabada. Una ley de 17 febrero 1925 creó el partido judicial de Artemisa formado exclusivamente por este término municipal.

En la paz Artemisa se caracterizó, principalmente después de la Segunda Guerra Mundial, por su incansable afán de progreso, que lo llevó a transformarse en el segundo en importancia de los núcleos urbanos de la provincia de Pinar del Río y uno de los pueblos más laboriosos y entusiastas del país. Tan importante fue su actividad que la economía de la zona oriental de la provincia terminó por girar en torno de Villa Roja. Se explica así la expansión de su desarrollo urbano, que trajo consigo que a las antiguas urbanizaciones de La Matilde y Maderas se adicionaran, en épocas más recientes, las de Henry, Sierra, Méndez, Alturas de Artemisa, El Pilar, Toledo, San Antonio y Santa Margarita, con el consiguiente desarrollo de la industria de la construcción.

Mas, no quedaron atrás sus planteles educacionales, sus instituciones cívicas y sus sociedades de instrucción y recreo que dieron amplias muestras del marcado empeño de sus hijos porque la ciudad alcanzara un grado de superación en el que el adelanto material marchaba parejo con el avance en el orden cultural. En este sentido hay que reconocer que al cabo de los años terminó por fructificar la simiente sembrada en los años 30 por el "Grupo Proa", que tuvo como figuras representativas a Manuel Isidro Méndez, Ubaldo R. Villar, Armando Guerra, Ody Breijo, Fernando G. Campoamor, Elizardo Díaz Lorenzo y otros muchos.

Por breve que sea un recuento histórico de este TM no se debe omitir la mención preferente de tres artemiseños que, si bien no nacieron en la localidad, la quisieron entrañablemente: Magdalena Peñarredonda, el prebístero Guillermo González Arocha y Manuel Isidro Méndez.

Magdalena Peñarredonda, la Delegada de Vuelta Abajo, nació en Quiebra Hacha, pero residió en Artemisa casi toda su vida y allí desarrolló su inmensa labor patriótica, conspirando sin temor al principio y manteniendo más tarde abiertas las líneas de comunicación entre el Ejército Libertador y los cubanos que cooperaban con éste desde La Habana o el exterior.

De igual modo el padre González Arocha vio la luz primera en Regla, pero actuó como párroco artemíseño desde 1893 basta 1920. De él dijo Francisco González del Valle, en su ensayo histórico “El clero en la revolución cubana”, que fue "... un auxiliar eficaz y decidido de la revolución,..; trabajó sin cesar y sin miedo, exponiendo constantemente su libertad y su vida; fue perseguido, pero no dejó un momento de servir a la causa de la independencia de Cuba, en cuyo altar hubiera con gusto sacrificado la vida..."; Artemisa lo hizo su hijo adoptivo y Vuelta Abajo lo llevó en 1902 a la Cámara de Representantes, donde desenvolvió una actuación fecunda y provechosa.

El padre González Arocha reconstruyó la iglesia, dirigió el colegio de niños San Marcos, propició la formación de otro para niñas, fundó la Asociación de Beneficencia y Caridad Nuestra Señora del Corazón de Jesús y cuidó del legado de los Marqueses de Arellano, gracias al cual el 31 de marzo de 1916 se abrió al servicio público el Hogar de Ancianos Santa Margarita, instalado en la residencia de la finca La Matilde.

El sabio Tranquilino Sandalio de Noda
Por su parte, Manuel Isidro Méndez vino al mundo en Navia. Asturias, llegando a Arrtemisa a muy temprana edad para convertirse en un intelectual destacado y en uno de los mejores biógrafos y conocedores de la obra del Apóstol Martí. Nunca permaneció ajeno, a los esfuerzos por el progreso cultural de la región y al morir en La Habana en 1972 dejó terminada una historia local de Artemisa.

En adición a los mencionados anteriormente, la lista de los hijos distinguidos de Artemisa en materia política debería incluir, entre otros: a los senadores Antonio González Beltrán, Alberto Nodarse Bacallao, Lucilo de la Peña y Cruz (que presidió el Senado) y Manuel Pérez Galán, y a los representantes Francisco Galatas Errasti, Roberto Ortega y Zuazo y José Ramos Oleaga, al coronel Orencio Nodarse y Bacallao, quien ocupó altos cargos en la administración, a Emilio Laurent y Duber, el bravo combatiente de la expedición de Gibara en 1931, y a Saturnino Martínez y Otilio Gutiérrez Pérez.

Dentro de los que han sobresalido en las lides intelectuales: a Blanca y Amelia Cuenca, poetisas y educadoras, nacidas en el último tercio del pasado siglo; a Ofelia Rodríguez Acosta, novelista y escritora de justificado renombre nacional; a Milagros Pérez Esquijarrosa y Adolfina Rodríguez Barrios, poetisas ambas, la primera tempranamente desaparecida; a Ubaldo R. Villar y Ody Breijo, poetas de fino estilo; a Armando Guerra, ensayista notable y autor de varias publicaciones de calidad.

En el cultivo de las ciencias: a Patricio Cardín y Peñarredonda, prematuramente desaparecido; en la docencia: a Pedro García Valdés y Salvador Massip y Valdés, profesores ambos de fama nacional bien ganada; en el periodismo a Eloy Cruz y Delgado, y en el ejercicio profesional: a Julio y César Cabrera y Francisco Lamadrid, médicos destacados, los dos primeros profesores universitarios y el último profesional meritísimo del siglo XIX.

Alcaldes municipales

Años
Nombre
1899 - 1900
Enrique Zayas Ayestarán
1901
José Claro Zarazola
1902 - 1907
-
1908
Ramón Hernández López
1912
Clemente Rodríguez Alfonso
1916
Ramón Hernández López
1920
José Lorenzo Sánchez
1922 – 1926 - 1932
Ramón Hernández López
1933
Ubaldo R. Villar (de facto)
1934
Luis Delgado Delgado (de facto)
1936
Luis Delgado Delgado
1940 – 1944 - 1946
Roberto Ortega Zuazo
1950
Félix Noa Hernández
1954
Roberto Ortega Suazo (Falleció en el cargo)
Y fue sucedido por el presidente del Ayuntamiento
Miguel Galatas y Ortega

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