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| Estado actual del Palacio de Bellas Artes |
Este artículo tomado del Libro de
Cuba. Publicaciones Unidas. SA. 1953 narra todo el proceso fundacional
del Museo Nacional antes de su traslado definitivo al Palacio de Bellas Artes,
donde todavía se encuentra.
Si Llaverías es el hombre símbolo de
nuestro Archivo Nacional, Rodríguez Morey, el gran paisajista, lo es de nuestro
Museo. La historia del Museo Nacional tiene alternativas dolorosas y es prueba
del espíritu tenaz de una minoría que, a la postre, realiza esa labor que da
perennidad a un pueblo.
Creado por Decreto el 23 de mayo de
1913, es una de las obras que pueden señalarse en la etapa verdaderamente
fecunda en que fue Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes el doctor
Mario García Kohly, el insigne tribuno y diplomático cuya memoria no merece el
olvido en que hoy se envuelve, que había fundado en 1910 las Academias Nacionales
de la Historia y de Artes y Letras.
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| Antonio Rodríguez Morey |
Emilio Heredia, nieto del gran poeta
cubano, es el primer animador de la empresa, en la que alentaban a un tiempo,
el sentimiento patriótico y el sentimiento artístico. Designado su primer Director
el 1ro de marzo de 1913, el Museo se instala provisionalmente en el antiguo
Frontón de la pelota vasca. Ya no tenía precisamente una finalidad deportiva.
Era en los tiempos postreros del gobierno de José Miguel Gómez. ¿Por qué no
continuó su sucesor la obra del Museo? El cubano austero y cultísimo que
sustituyó a García Kohly como Secretario de Instrucción Pública era un devoto
de las más altas manifestaciones artísticas, un patriota fervoroso y un hombre
público sin mancha, pero, quizá dominado por el espíritu crítico no pareció
prestar a la empresa del Museo su más decidido concurso.
Reclamado el local en que estaba
instalado el Museo por el Ayuntamiento de La Habana, se vio obligado a proceder
a su traslado a la Quinta de Toca, en el Paseo de Carlos III. Transcurren
entonces dos años largos, y el Museo, al que Emilio Heredia, un distinguido
arquitecto y un hombre de acrisolada devoción artística, se había esforzado por
mejorar, permanece cerrado, malográndose casi al nacer una obra que había suscitado
la pública simpatía y el interés popular. Quizá no fuera un buen procedimiento
la dualidad que hubo desde un principio en la institución: era un Museo de
Historia y un Museo de Bellas Artes. El ejemplo reciente de México, que separó
de su maravilloso Museo Arqueológico, una de las glorias de la cultura
americana, las reliquias históricas para llevarlas al Palacio de Chapultepec,
donde con otras colecciones hoy forman un muy interesante Museo Histórico,
podía servir de precedente para que en el Palacio de Bellas Artes, que parece
que será una próxima realidad, haya la debida separación entre los recuerdos
históricos y las obras que propiamente representan las Artes Plásticas. (Será
así, en efecto. Me lo ha dicho de manera categórica Don Antonio Rodríguez
Morey, artista insigne, heroico director del Museo).
El Museo en la Quinta de Toca duró
poco. Se abre otra vez al público a fines de 1917, se clausura al siguiente
año. Vuelve a abrirse en 1919, en la conmemoración del 17 aniversario de la
fundación de la República. Un gran médico y un gran patriota, el doctor
Francisco Domínguez Roldán, patrocina ahora la empresa. Consigue créditos importantes
y entonces realiza el Museo adquisiciones valiosas: buenas copias de los Museos
de Europa, especialmente del Prado de Madrid, y algunos originales de maestros
contemporáneos de vasto renombre.
| Quinta Toca en Carlos III (sede del Museo entre 1917 y 1923) |
Antonio Rodríguez Morey, que ya era un paisajista consagrado, es designado Director. El
ilustre artista ha hecho en un artículo que publicó sobre el Museo - “Treinta y
tres años de Via Crucis para nuestro Museo Nacional - justicia cumplida al
doctor Domínguez Roldán lo mismo que a su antecesor en la dirección de aquella
casa. De Emilio Heredia nos cuenta que el gobierno le dio su destitución como
premio a su entusiasta labor, su nunca desmentido desinterés y su infatigable y
tenaz voluntad, puestas siempre al servicio de la Cultura y la Nación. “Tuvo
Domínguez Roldá - nos dice Rodríguez Morey - verdadera devoción por esta
institución y hasta el último momento de su etapa como Secretario se ocupó de
sus necesidades... El acariciaba el proyecto de adquirir la Quinta Toca (que
después fue comprada por los Hermanos de La Salle) para instalar
definitivamente el Museo destinando el edificio sólo para los objetos de
índole histórica y proyectando construir uno nuevo para dedicarlo a las Bellas
Artes”.
Mas, Rodríguez Roldán salió del
gabinete. La Quinta Toca fue adquirida por los Hermanos de La Salle, y el
Museo otra vez se encontró errante... Es un momento muy doloroso que comenta el
propio Rodríguez Morey en estos términos:
“Fue ésa la época más crítica
de esta Institución, la más dolorosa en el pasado. Sobre esto hay mucho que
contar y censurar, para hacer patente la falta de patriotismo y la indiferencia
de muchos cubanos responsables ante los más urgentes problemas de esta
Institución, que aunque no fuera más que por lo que contiene, por las reliquias
que guarda, debe merecer todo el respeto del más alto funcionario público y el
más humilde de los ciudadanos. De las angustias y dolores sufridos por mí para
defenderla y evitar su destrucción, pues se llegó a pensar trasladar las
pertenencias del Museo para uno de los antiguos barracones de La Cabaña, no es
éste el momento de hablar. Algún día he de hacerlo, cuando escriba las memorias
del Museo, y entonces he de decir todo lo que ha tenido que pasar esta
Institución en sus 33 años de existencia”. (Esto se escribía en 1946).
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| Construcción del Palacio de Bellas Artes |
En el anterior gobierno, el
del doctor Grau San Martín, comenzaron las obras del Museo, en el Centro de La
Habana, frente al Palacio de la Presidencia. El antiguo Mercado del Polvorín fue
el lugar escogido. En el primitivo proyecto de Govantes - Cabarrocas (dos
nombres unidos en obras arquitectónicas de gran belleza, de alto decoro
artístico) se conservaban las bellas arcadas del antiguo Mercado. No sé qué
dificultades insuperables de orden material se encontraron por la actual
rectoría de Obras Públicas, departamento del Gobierno a quien corresponde esta
labor, que el anterior proyecto se desechó, y en el actual hubieron de
desaparecer las arcadas que daban a la construcción una indudable majestad.
Confieso que las vi desaparecer con duelo íntimo y de veras sentí la elegía en
prosa que dedicó al suceso el gran escritor Jorge Mañach.
Mas, el Patronato de la
institución hubo de aprobar por razones pragmáticas lo que acordó Obras
Públicas. Y los amigos del Museo, que admiramos y agradecemos tanto la labor
del Patronato y el heroísmo y la paciencia del insigne pintor Rodríguez Morey,
nos dimos cuenta de que si el Museo va a ser una realidad inmediata, bien venga
el nuevo y adecuado edificio aunque la columnata sea sólo un recuerdo.
Digamos ahora breves palabras
sobre las dos secciones en que se divide el Museo.
La Sección histórica contiene
objetos de los indios de Cuba, de la época colonial hasta el cese de la
dominación española, de la guerra hispanoamericana, reliquias de las guerras
por la independencia de Cuba, y de los patriotas Narciso López, Carlos Manuel
de Céspedes, Pedro de Céspedes, los hermanos Agüero, “Perucho" Figueredo,
Rafael de Quesada, Ignacio Agramonte, Francisco Vicente Aguilera, Grave de
Peralta, Bembeta, Calixto García, Estrada Palma, los Maceo, Cisneros Betancourt,
Martí, Máximo Gómez, “Mayía" Rodríguez, Ríus Rivera, Aranguren, Adolfo
Castillo, Juan Bruno Zayas, Quintín Banderas, Panchito Gómez Toro, Gonzalo de
Quesada, Serafín Sánchez, Pedro Díaz, Julio y Manuel Sanguily, etc., etc.
Recuerdos de los poetas,
músicos, escritores y hombres de ciencia más notables de Cuba, entre ellos
Zenea, Heredia, Milanés, Plácido, la Avellaneda, Luaces, Casal, Villate,
Espadero, White, Peyrellade, Marín Varona, La Rosa, Brindis de Sala, Cirilo
Villaverde, Cortina, Gálvez, Pozos Dulces, Saco, Albear, Finlay, Poey,
Gutiérrez, Armas, Chaple, etc.
En Sección de Bellas Artes
admiramos cuadros notables de las Escuelas Bizantina, Florentina, Véneta,
Sienesa, Flamenca, Española, etc. Entre estos cuadros sobresalen “Madonna e
Bambino", de El Bronzino; “Moisés salvado de las aguas", de Leandro
Basanno; Boceto de Cúpula, de Antonio Balestra; “La Presentación al
Templo", de Sebastiano Rici; “Arquitectura y Paisaje", de Salvator
Rosa; “José y Faraón", de Mattia Preti; “San Girolamo”, de Mazzimo
Satanzini; “Abraham visitado por los Angeles", de Lúea Giordano; “El
triunfo de David”, de Barbieri; “La invención de la Cruz", de Sebastiano
Conca; “San Cristóbal”, de Pablo Verones; “Suicidio de Lucrecia Romana",
de Tintoretto; “La Virgen y el Niño dormido”, de Guido Reni; “Apolo y Marcia”,
de Correggio; “El Rey David", de Gaspar Crayer; “San Sebastián", de
Ribera El Españo- leto; “San Bruno asceta", de Zurbarán; “La Sagrada
Familia", de Memling, etc. etc.
También tiene importantes
cuadros contemporáneos de distintas escuelas extranjeras, entre ellos “La
Semana Santa en Madrid", de Francisco Pradilla; “En la Playa de
Valencia”, de Cecilio Pía; “El Niño de la sandía", de Sorolla; “Mi prima
Esperanza", de Zuloaga; “Paisaje de Antequera", de Zuloaga; “Calle de
Peñíscola”, de Luis Graner; “Cabeza de Apóstol”, de Morelli, y muchos más,
todos notables y de ilustres maestros.
Posee también notable
colección de cuadros de pintores cubanos de la época colonial y de extranjeros
que han vivido en esa época en Cuba. De los pintores nacionales contemporáneos
existe una colección nutridísima.
El Museo tiene asimismo valiosas esculturas extranjeras y de algunos maestros cubanos. También debe señalarse su colección de piezas de cerámica, de las más célebres fábricas del mundo.
Finalmente, colecciones de cristales, de metales, joyas, de abanicos, miniaturas, muebles, que instaladas con amplitud, en el futuro Museo, darán al mismo el interés de las artes suntuarias.



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