Preserving cuba´s memory

martes, 2 de agosto de 2016

Ambar Motors Corporation SA

El edificio de la Ambar Motors en la esquina de Infanta y 23
Ambar Motors Corporation SA era una distribuidora de autos, camiones y ómnibus de General Motors (GM), con 30 agencias y 36 representaciones para la venta de piezas en el país, ubicada en Vía Blanca entre Paso Superior y Línea del Ferrocarril y oficinas en La Rampa, La Habana (donde hoy se encuentra el Ministerio de Comercio Exterior). Su apoderado general en Cuba era Amadeo Barletta y su hijo Amadeo Barletta Jr. era el presidente.

Alfred P. Sloan, presidente de la casa matriz norteamericana había visitado Cuba por primera vez a fines del año 1928 con motivo del II Congreso de Transporte por Carretera celebrado bajo los auspicios del Automóvil Club de Cuba.

Sammy Tolón, quien era un antiguo comerciante de autos y promotor de carreras, expresidente entonces de la Cámara de Comercio de Automóviles había sido designado a partir de mediados de 1936, representante especial de la GM en Cuba, en sociedad con Modesto Muzelle, de la casa matriz y oficinas en Paseo del Prado No. 7 en La Habana.

Amadeo Barletta, apoderado de la General
Motors en Cuba 
En agosto de 1941 la General compró Lawrence B. Ross Corporation SA, una empresa cubana que, desde años atrás, representaba sus marcas de autos y que continuaría operando como una subsidiaria; su administrador general era desde entonces Mr. E. G. Poxson.

En 1946, Amadeo Barletta, tras regresar de Argentina, obtuvo la representación al establecerse en Cuba por segunda vez, no sin presentar dificultades por la oposición del gobierno de Estados Unidos que lo tenía en lista negra como ejecutivo del gobierno fascista de Benito Mussolini. Durante los años 30, Barletta había sido representante de la firma  en República Dominicana, que en 1939 lo había enviado a Cuba, donde decidió radicarse con la representación y también como cónsul de Italia, hasta ser expulsado del país tras entrar en guerra Cuba con las potencias del Eje.

Sus buenas relaciones con los Auténticos le permitieron primero retornar a la Isla y luego incrementar el volumen de sus negocios a través de la venta de los lujosos Cadillac para sus altos dirigentes, de los Oldsmovile para los patrulleros de la policía y de los camiones para el Ejercito y otros Cadillac, convirtiéndose en el mayor vendedor de Cadillac fuera de los Estados Unidos.

El 19 de enero de 1949 instaló sus oficinas en el edifico de Infanta 23 - el famoso Ambar Motors - también de su propiedad, que prácticamente iniciara la zona comercial conocida como La Rampa. Posteriormente construiría la firma sus almacenes y talleres en la Vía Blanca.

Ómnibus General Motors de la COA
Desde entonces contaba con el importante negocio del suministro de ómnibus a la Cooperativa de Ómnibus Aliados - donde además tenía intereses - y a otras rutas de ómnibus  interprovinciales como Santiago - Habana, Ómnibus La Ranchuelera y La Flecha de Oro.

Tras el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 comenzó a boicotear sus ventas a las instituciones oficiales cubanas, lo que le acarreó dificultades a la firma, hasta que finalmente Barletta cedió y se acercó al gobierno del general Fulgencio Batista. Así consiguió la reanudación de las compras de autos y camiones por parte del estado cubano a cambio de variar la línea oposicionista del periódico El Mundo, del cual era copropietario con el derrocado presidente Carlos Prío Socarrás, lo que realizó tras comprar la parte de las acciones que poseía su socio.

Fuente:

Jiménez Soler, Guillermo. Los propietarios de Cuba. Editoirial de Ciencias Sociales. 5ta Edición. La Habana. 2014.

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